viernes, 15 de julio de 2011
Premios
martes, 5 de julio de 2011
El verdadero descubrimiento de los juguetes
Cuantos trastos me habría yo ahorrado en casa si volviese atrás en el tiempo. Desde que nació Teresa he ido perdiendo espacios y acostumbrándome a convivir con trastos por cualquier parte de la casa. Les he buscado rincones, rincones en el salón para aquellos que más uso tenían, incluida la cocinita. Hasta ahora todo tenía medianamente un orden, había ratos que los juguetes parecían una alfombra pero en poco tiempo se terminaba el juego y vuelta a su sitio. Pero qué de cosas cambiaría si hubiese sido consciente de que es ahora cuando realmente disfruta de los juguetes. Y eso que yo he sido de las que he pedido a todo el mundo que no regalase por regalar, que no hay que llevar siempre alguna cosa a la niña, que los regalos son para ocasiones especiales y todas esas cosas que te hacen quedar como la mala delante de la gente, mientras el padre sonríe, recibe con agrado los obsequios y se presenta como el simpático de la pareja. Debe ser que no impongo ningún respeto porque nadie, absolutamente nadie, ni familia, ni amigos, me han hecho caso. Así me ha ido, que para no tener que mudarme he llenado ya, en diversas ocasiones y aprovechando la ausencia de Teresa y su papá, bolsas de basura tamaño comunidad con utensilios de juego que yo misma voy discriminando. Ha habido veces que me he pasado, lo noto cuando los echan en falta. “Ya aparecerá”, suelo decir, consciente de que anda muy lejos.
Sin embargo creo que a partir de ahora el tema va a estar más complicado. Teresa busca y rebusca por todos sitios donde sabe que hay juguetes y va sacando una cosa u otra, se sorprende con objetos que tenía olvidados, los utiliza, juega, se pasa ratos largos entretenida, pregunta por juegos concretos que recuerda perfectamente y los reclama o te dice “no lo busco, mamá”, en lugar de no lo encuentro. El orden en las cosas dura milésimas de segundo, justo el tiempo que termino de colocarlas, inmediatamente después llegan unas manitas para revolverlo todo y decir “eto me sirve”. Las sartenes y ollas de su cocinita llenan mi lavavajillas, su reno, tamaño bulldog se sienta en mi sofá, si Teresa viene por la noche a mi cama la acompañan Pinkinico y las tres mellizas, los cuentos están relegando a mis libros en las estanterías, y sus instrumentos musicales, llámese trompeta o tambor, suenan a cualquier hora. Recientemente también ha redescubierto una colchoneta. Dice que es un castillo hinchable y no para de saltar como una loca. También la utiliza para hacer “ninnasia” y levanta las piernas mientras está tumbada en ella, por supuesto en mitad del salón.
A la hora de salir a la calle, siempre va con su cochecito y cada día dice que le toca pasear a alguno de sus muñecos, últimamente es Upsy Daisy la más afortunada, menuda racha lleva. No nos podemos olvidar de su bolso donde guarda alguno de sus móviles y unas llaves de plástico. Además ahora muchas veces nos acompaña un gato, este no sé de dónde ha salido, pero le encanta jugar a tirarlo para arriba y que yo lo coja, se llama minifú.
Ayer vio a una niña con una moto de plástico de dos ruedas en la que se desplazaba empujándose con los pies y rápidamente pidió una igual. Yo ya sabía que le iba a gustar porque hace tiempo en un hipermercado fui yo la que la incitó a probar una y le encantó. Ha llegado el momento peligroso en que quiere todo lo que ve.
Y así estamos, intentando mantener un equilibrio entre lo que supone disfrutar tremendamente de los juguetes y conservar un orden mínimo para que no piensen que tenemos el síndrome de Diógenes.
viernes, 1 de julio de 2011
Lo bueno del verano
¡Comienzan las vacaciones de verano! Por lo menos para el papá de Teresa, que disfrutará de dos meses intensos de actividades con ella, que vive en vacaciones permanentes. Aunque para Teresa también ha habido un cambio importante y es que ha incorporado los baños en la piscina a su rutina diaria y le encanta, mucho más si es en la compañía de los primos que hacen que cualquier juego se convierta en una fuente inagotable de enseñanzas que ella intenta imitar por todos los medios, aunque en muchas ocasiones no sean las lecciones más adecuadas y sean éstas precisamente las que capta al vuelo.
Rompiendo totalmente con la rutina ayer celebramos una barbacoa por la noche en casa de mi hermana y como el calor era sofocante, Teresa vivió con emoción su primer baño nocturno en la piscina. Casi no la podemos sacar del agua, sólo se animó a salir cuando vio las chanclas de su prima y se fue directa a por ellas. Hoy cuando he llegado del trabajo la he encontrado con unas chanclas rojas, se las ha comprado el abuelo.
Para mí siguen las jornadas de trabajo y aún veo lejanas las vacaciones. Sin embargo en verano relajamos las normas para todos, y se hace más ameno el día a día porque ahora cada tarde salimos a pasear y a tomarnos algo al aire libre. Espero que cuando termine el verano Teresa me regale alguna frase como la que ya conté aquí el año pasado.
martes, 28 de junio de 2011
Fin del pañal y por fin sus pies
Dicho y hecho, Teresa se despertaba con el pañal totalmente seco, no sólo de la siesta, también por la noche. Además, la mayoría de los días me ha pedido ir al baño nada más levantarse de la cama. Con todos estos indicios, la operación pañal parecía superada y así ha sido. Cuatro noches sin pañal y cero escapes. Y ella tan contenta va contándoselo a todo aquel que la quiere escuchar.
Pensando ahora en toda la pereza que me daba la operación pañal me sorprende lo fácil que ha resultado. Y es que parece que es cierto que los padres solemos enfrentarnos a los cambios con más temores que los niños. Todavía recuerdo la pena que me daba al pensar en su chupete y Teresa lo olvidó tan pronto que parecía que nunca lo hubiese necesitado. Ahora también me da algo de nostalgia recordar en su culo regordete y abultado con pañal.
Por cierto, ya tengo algunas fotos de sus pies, aunque no son las mejores y no descarto hacerle otras. Posiblemente a partir de ahora me pase la vida fotografiándolos.


viernes, 24 de junio de 2011
Los pies de Teresa

Mañana Teresa cumplirá 29 meses. No es una fecha redonda, pero cualquier momento es bueno para reseñarlo. Crece y crece y no ha habido ni un solo día de su vida que haya dejado de sorprendernos. Uno cree que con el paso del tiempo se irá haciendo una rutina y se dejará de vivir cada momento compartido con su hijo como algo mágico, como un regalo, pero no es así. Cada noche me acuesto pensando en hacer uno foto de sus pies regordetes y sus manos, son las cosas que más me enternecen de su cuerpecito a camino entre el bebé que fue y la niña en la que se está convirtiendo. Durante el día pasan mil cosas y al final siempre pienso en esa foto justo cuando me voy a dormir, una tarea pendiente y recurrente cada noche. Es como si quisiese atrapar el tiempo con esa foto, y se convierte en una idea angustiosa el pensar que pasan los días y no la tengo.
miércoles, 15 de junio de 2011
Esta pudo ser la operación pañal más larga de la historia
Su deseo de ser mayor rápidamente, unido al calor que ya hace y a su gusto recién descubierto por las braguitas (otra cosa que hay que sumar a su pasión por los zapatos) hace que ya no quiera el pañal ni verlo. No sabía ella que se iba a encontrar con unos padres tan perezosos, así que parece que en su pequeña cabecita se ha encendido una luz y ha dicho “O tomo la iniciativa o paso de los pañales de bebé a los pañales de viejuna”. Esta podría haberse convertido en la operación pañal más larga de la historia de la humanidad.
Ya hace unas semanas que le quité el pañal por la mañana, aprovechando que su padre no trabajaba, y le dije que ese día estaría sin pañal hasta la noche. Ella toda emocionada diciendo “soy gaaande…. mira mis babitas…” y yo con la conciencia tranquila de pensar que estábamos haciendo lo que tocaba y esperando ver el desenlace de esa aventura que empezaba a emprender como madre responsable, pero con la calma que da que sea el padre el que se ocupa de ese primer día, lo llamé a las pocas horas para preguntarle qué tal iba el asunto. Muerta me quedé con su respuesta: “Le he puesto el pañal, me he tenido que pelear con ella pero ¿qué iba a hacer si hemos salido a la calle?”. Yo pensé que esto debía significar que hasta que aprenda a controlar esfínteres no se puede pisar la calle y me entraron sudores fríos. Menudo chasco con el primer intento de la operación pañal.
Por suerte Teresa le cogió el gusto a lo de estar sin pañal y durante el fin de semana salió algunos ratos a la calle sin él. Y para más suerte mi madre y mi padre no se acobardan ante los pipís callejeros. Y para suerte de las suertes, Teresa parece que controla y ha tenido pocos escapes por el momento. Así que ya sólo usa el pañal para dormir, pero esto ya lo dejaremos para las vacaciones.
miércoles, 1 de junio de 2011
"Mamá, pónete contenta"
Cuanto Teresa era un bebé que empezaba a interactuar notaba cómo era habitual en ella que buscase mi aprobación constantemente si intentaba tocar o coger algún objeto. Era muy normal que aunque ya lo tuviese entre sus manos me mirase para ver cuál era mi reacción. Algo así pasaba también cuando empezaba a caminar, si quería llegar a cualquier sitio volvía su cara hacia mía en muchas ocasiones, aunque luego hiciese lo que le diera la gana. Supongo que es normal que los niños busquen la aprobación de los padres, pero yo a veces tenía una sensación un tanto rara. Es como si me diese un poco de pena ¿qué imagen tenía de mí, la de un ogro? ¿Acaso pensaba que a todas sus iniciativas le iba a decir que no?
Ahora estamos en otra etapa, y aunque ya pasa de buscarme con la mirada cada vez que se le ocurre algún nuevo invento, ha sacado una frasecita que me tiene pone los pelos como escarpias: “mamá, pónete contenta”. Nunca en mi corta experiencia como madre he utilizado ninguna frase parecida a “si haces tal o cual mamá se pondrá triste o se enfadará”, nunca jamás. Es más, no creo que esta criatura me haya visto realmente enfadada nunca, la sorpresa que se va a llevar el día que de verdad lo esté.
Entonces, ¿por qué extraña razón emplea esta frase en situaciones tales como cuando le digo que no saque todas las toallitas húmedas o no des más saltos en la cama que te vas a abrir la cabeza? Además cuando termina de pronunciar la frase la acompaña de carcajadas fingidas esperando que yo haga lo mismo, y claro, no me queda otra que responder igual y decir que estoy contenta, pero que deje de hacerlo.

