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martes, 10 de mayo de 2011

Lógica aplastante

Teresa está creciendo y ya casi no se puede hacer una lista de sus avances porque de un día para otro la cosa cambia mucho. Es como si uno se acostumbrase a que su hijo ha dejado de ser un bebé y das por usuales ciertas cosas hasta que de repente ocurre algo o dice una frase que te hace pararte y preguntarte “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Algo así me sucedió el otro día.

A la hora de la comida le estaba intentando poner un babero para que no se manchase la camiseta y ella se negaba, esto del babero es casi misión imposible últimamente. Yo le dije “Teresa, si comes sin babero te vas a manchar” y me dejó sin argumentos cuando me contestó “¿Y tú no, mamá?”.

Es la lógica aplastante de una niña de dos años a la que le gusta decir que es mayor, intenta hacer todo de forma autónoma, imita a los mayores y no entiende cómo si es mayor, tiene que hacer cosas como los niños pequeños como por ejemplo ponerse el babero. Eso si, para dormir, no hay nada como estar con mamá, como una niña pequeña.

viernes, 22 de octubre de 2010

A pegar también se aprende

Teresa ya ha aprendido a pegar sus primeros manotazos. No sé si es cierto lo que dicen algunos sobre que los niños que van a guardería aprenden antes. El caso es que Teresa mantiene un contacto diario con los primos y sin embargo no ha aprendido de ellos, claro que, al ser más mayores, la suelen proteger.

Recuerdo este verano la cara que se le quedó cuando tan contenta y entusiasmada me pidió ir a jugar con una niña de unos tres años que había en una plaza y cuando llegó a su lado ésta, sin mediar palabra, le arreó un guantazo bien fuerte en la cara. Qué decepción, las lágrimas le rodaban por toda la cara y me miraba con curiosidad como esperando una explicación a ese gesto sin sentido. Yo no pude más que consolarla y tomarla en brazos. Creo que era la abuela de la niña la que se acercó y regañó de muy mala manera a la pequeña por aquello. Yo intenté disimular como pude lo muy petarda que me pareció la niña y la disculpé con la típica frase de “son niños”. Al fin y al cabo es verdad, pero la rabia no me la quitó nadie. A los pocos minutos Teresa ya quería volver con ella y yo, pese a mis temores, tuve que acceder diciéndome a mí misma que habría que darle otra oportunidad y quitarle hierro al asunto, no fuese a ser que Teresa se asustase. Allí volvimos las dos y parece que convencí a la pequeña para dar un paseo por la plaza las tres cogidas de la mano. Teresa estaba tan feliz que debió pensar que el guantazo había sido por error cuando de repente la dichosa niña se para y le suelta otra bofetada. Ganas me dieron de comerme a la niña pero lo único que hice fue de nuevo tomar a Teresa y consolarla ante tan inexplicable acto. No estaban compitiendo por nada, no había juguetes que compartir, ni lógica alguna para aquello. Esta vez la abuela se levantó y le dio uno buen zarandeo al que se sumaron unos cuantos cachetes en el culo. En este momento entendí mejor el comportamiento de la pequeña, ¿cómo pretendía esa mujer corregir una actitud haciendo justamente lo mismo que lo que pretende evitar?

Una muestra de la confianza en el género humano de Teresa es que, a pesar de lo sucedido, no se resignaba a evitar a aquella chiquita, es más quería volver con ella, así que no me quedó otra que alejarme del lugar.

Hasta el momento la destinataria de los tortazos, mejor los llamaré manotacillos, he sido solamente yo. Siempre se producen por frustración, porque no la dejo hacer algo que quiere hacer. La mayoría de las veces tengo que controlar mi expresión porque, sinceramente, me hace mucha gracia ver la cara que me pone como avisándome de lo que viene y esperando ver mi reacción. Por ahora siempre actúo igual, preguntándole “¿mamá te pega a ti? La muy pícara responde “no, egar no, etitos” (pegar no, besitos), acto seguido me abraza y yo me la como a besos.

¿Alguien ha pasado ya por esto? ¿Cuál es la mejor manera de actuar?

martes, 10 de agosto de 2010

Una época mágica


Cada día de este verano Teresa nos sorprende con nuevos avances y es que estamos viviendo una época mágica en el desarrollo de un niño. Ella es la auténtica protagonista y nosotros los privilegiados espectadores en primera fila.

Ayer por primera vez fue consciente de lo que es la vergüenza. Mientras miraba hipnotizada a un bebé que jugaba con sus padres sentados en una plaza junto a nosotros quiso acercarse para tocarla pero, por supuesto, quería que yo la acompañara. Una vez allí le tocó las manos, compartió risas y cuando su padre le preguntó por la edad le dio una risilla nerviosa y escondió su cabeza en mi pecho. Le pregunté que si le daba vergüenza y entendió enseguida que estaba etiquetando ese sentimiento que había experimentado. Desde entonces a cada pregunta volvía a esconder su cabeza y repetía riendo “vergüenza”, bueno, en su lengua.

Ya hace unos días que cuando estamos en una plaza o un parque ella misma se sorprende alejándose un poquito más de mí. Creo que le gusta sentirse independiente y hay veces que se arma de valor para avanzar bastante hasta volver la cabeza y regresar corriendo hacia mí. Es como si poco a poco este círculo tan estrechito nuestro, que nos mantenía muy unidas, como en un pequeño conjunto cerrado, poco a poco se fuese haciendo más grande. Me da pena pensar que llegará un día en el que ni siquiera girará su cabeza para ver donde está mamá.

En las relaciones con otros niños también ha cambiado. Siempre le ha gustado relacionarse, pero el otro día fue a jugar con el grupo de niños de unos amigos, todos algo mayores que ella, y estuvo mucho rato sentada con ellos en el suelo compartiendo juguetes. Iba y volvía sin pedirme que la acompañara y en todo el rato que compartieron juguetes no hubo ni un solo conflicto, algo raro.

Otra cosa que también me llama la atención es que se preocupa mucho por lo que pasa a su alrededor, especialmente a los niños. Si escucha algún llanto enseguida me pregunta “¿qué pasa?” o “¿Qué pasa a bebé?” y a veces hasta ella misma busca alguna respuesta como “quere agua” o “a coja mamá”. Esto me hace dudar entre si tiene una gran empatía o simplemente es una cotilla.

martes, 27 de julio de 2010

18 meses

Soy una madre horrible. Llevo muchos días pensando que Teresa estaba a punto de cumplir 17 meses cuando de repente me he dado cuenta de que en realidad el domingo pasado lo que cumplió fueron 18 meses. Mi error lo llevo arrastrando desde hace tiempo y no he dudado en prodigarlo por ahí ante las preguntas de otras madres en el parque. ¿Qué me está pasando? Y todo esto teniendo en cuenta que mi hija es el centro de mi vida, de no ser así, con la cabeza que tengo, en cualquier momento me retirarían su custodia los Servicios Sociales.
En mi entrada de hoy pensaba hacer un repaso de los avances que voy percibiendo en su desarrollo pero ya casi ni me fío de mi capacidad de observación. Aun así me arriesgaré.
Lo más destacado es el desarrollo del lenguaje. Habla mucho, por los codos, diría yo. Conoce muchas palabras y las sabe emplear correctamente. Pregunta por cada cosa que ve "¿eco qué es?" y hemos optado por darle las explicaciones oportunas aunque sean complicadas, creo que será lo mejor aunque no pueda repetir el nombre.
Sabe responder por su nombre y su edad. Me parece un avance muy importante y del que me di cuenta mientras jugaba con otros niños en el parque y comentaban las edades. Me refiero a que no respondió acertadamente ante una pregunta reiterada.
Imita sobre todo las conversaciones y entonaciones. Uno de sus juegos preferidos es coger el móvil y pasarse buenos ratos paseando y hablando. A veces incluso hace como que pone el manos libres, suelta el móvil en el suelo y pregunta "¿oye?". Esto lo ha copiado de su padre, sin duda, porque siempre suele hablar con el mismo interlocutor "Paco".
En la calle casi no quiere ir el su cochecito, prefiere ir "ananno", pero como te descuides pide "acojo" y te monta un numerito.
Ha desarrollado el sentido de la posesión y todo "e mío". Ahora se enfada incluso como se encuentre con otros niños en el tobogán y de tan cabezota como es casi prefiere no subir y lloriquea. Para intentar que cambie de opinión tengo que estar constantemente halagando las hazañas de los otros, aplaudiendo y mostrándole lo divertido que es. Ha aprendido a pegar. Por ahora no lo hace mucho pero ha habido ocasiones en las que le he pillado soltando una patada o un manotazo como algún niño toque algo suyo después de advertirle con un grito "¡ché, e mío!"
Intenta hacerlo todo sola y se enfada a menudo como no se lo permitas. Tiene un carácter muy fuerte y siempre intenta salirse con la suya. A veces resulta agotador estar negociando todo el día teniendo en cuenta lo pequeña que es.
El juego imaginativo le encanta y creo que acompañado de esto empiezan a aparecer los miedos que hasta ahora creo que nunca había experimentado, al menos que yo supiese interpretar. Le gusta jugar a hacer la compra, con un carro imaginario. Mientras yo le propongo que busque distintos artículos como fruta, yogures, pañales, toallitas, galletas, etc, ella recorre distintos puntos de la habitación recogiendo los supuestos productos cada uno en un lugar distinto y colocándolos en el inexistente carro. En cuanto a los miedos, el otro día cerró con fuerza la puerta del salón y vino hacia mí gritando "¡e mene, e mene!". Le pregunté quién venía y me contestó "el gato".
Siempre comunica cuando se ha hecho caca. Por imitación también pide ir al baño y hay que sentarla un segundo, no más, aunque por supuesto ni siquiera le quitamos el pañal porque no entiende para lo que sirve sentarse allí, simplemente repite lo que ve.
Contra todo pronóstico es muy coqueta. No soy una persona que use bolso habiatualmente, ni me gusta maquillarme a diario. Sin embargo Teresa se cuelga todo lo que tenga asas y cada día sale a la calle con una bolsa de plástico colocada con tanto estilo en el brazo que parece que lleva un louis vuitton. Allí mete su chupete.

martes, 16 de febrero de 2010

Creciendo


Desde hace un tiempo tengo un poco abandonado el blog y escribo menos de lo que me gustaría. El trabajo me deja últimamente pocos ratos de descanso y cuando salgo del trabajo todo el tiempo es poco para dedicárselo a Teresa. En cuanto a los fines de semana tengo que decir que son sagrados y salvo fuerza mayor intento no sentarme frente al ordenador y si lo hago es para algún encargo del periódico. Y dicho esto a modo de disculpa voy con el tema de hoy que no es otro que los avances a pasos acelerados que voy percibiendo en Teresa. De un día para otro noto cambios en ella. Casi sin darme cuenta Teresa se está haciendo una experta en comunicación capaz de hacerte saber en cada momento lo que quiere. Su lenguaje y expresión corporal se vuelve cada vez más complejo. Sus negativas cuando no quiere hacer algo son cada vez más contundentes, casi grita, sin embargo también está empezando a contestar con un “ti” ante las preguntas en que su respuesta sería un si. Además también se está soltando un poco más a caminar sola. Pero lo más importante de todo es cómo me manifiesta su amor con fuertes abrazos y caricias.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Los cuentos de Teresa


No tengo ninguna duda de que los niños son grandes imitadores. En Teresa tenemos un claro ejemplo porque intenta imitar cualquier ruido, sílaba o gesto que se le repita más de una vez y en la mayoría de las ocasiones lo consigue. Soy consciente de que en esta etapa de su vida es como una esponja que lo absorbe todo, así que lo mejor es el estímulo constante, aunque tampoco conviene agobiarse. Ya de por sí la familia se convierte en una fuente continua de estímulos y fundamental en el proceso de socialización. Con esto me refiero a que cada miembro de la familia quiere en esta época enseñarle alguna cosita con la que pueda hacer sus gracias delante del resto de la gente. En poco tiempo Teresa ha aprendido un sin fin de habilidades y cada semana su padre es testigo de la evolución.
Pero si hay algo que me haya dejado sorprendida de verdad es su afán por los libros. Parece mentira que siendo tan pequeña tenga este gusto por los cuentos y revistas. Su atención se centra sobre todo en los pájaros y los perros a los que reconoce perfectamente, ya sean juguetes o dibujos de distinta clase. No me extraña que aconsejen leerles cuentos desde muy pequeños para fomentar así su afán por la lectura. ¿Cómo vamos a privarles de este privilegio? Cada noche después del baño Teresa señala la estantería de los cuentos para ver y hojear “el cuento del tigre”, como yo le llamo. Y de tanto repetirle sus historias, es capaz de hacer en cada página una cosa diferente como saltar, esconderse o echarse a dormir. A mí, que soy una apasionada de la lectura, aunque con poco tiempo que dedicarle últimamente, me encanta esta afición de Teresa y animo a todas las madres a que disfruten de uno de los momentos más enriquecedores del día.