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miércoles, 1 de junio de 2011

"Mamá, pónete contenta"

Cuanto Teresa era un bebé que empezaba a interactuar notaba cómo era habitual en ella que buscase mi aprobación constantemente si intentaba tocar o coger algún objeto. Era muy normal que aunque ya lo tuviese entre sus manos me mirase para ver cuál era mi reacción. Algo así pasaba también cuando empezaba a caminar, si quería llegar a cualquier sitio volvía su cara hacia mía en muchas ocasiones, aunque luego hiciese lo que le diera la gana. Supongo que es normal que los niños busquen la aprobación de los padres, pero yo a veces tenía una sensación un tanto rara. Es como si me diese un poco de pena ¿qué imagen tenía de mí, la de un ogro? ¿Acaso pensaba que a todas sus iniciativas le iba a decir que no?

Ahora estamos en otra etapa, y aunque ya pasa de buscarme con la mirada cada vez que se le ocurre algún nuevo invento, ha sacado una frasecita que me tiene pone los pelos como escarpias: “mamá, pónete contenta”. Nunca en mi corta experiencia como madre he utilizado ninguna frase parecida a “si haces tal o cual mamá se pondrá triste o se enfadará”, nunca jamás. Es más, no creo que esta criatura me haya visto realmente enfadada nunca, la sorpresa que se va a llevar el día que de verdad lo esté.

Entonces, ¿por qué extraña razón emplea esta frase en situaciones tales como cuando le digo que no saque todas las toallitas húmedas o no des más saltos en la cama que te vas a abrir la cabeza? Además cuando termina de pronunciar la frase la acompaña de carcajadas fingidas esperando que yo haga lo mismo, y claro, no me queda otra que responder igual y decir que estoy contenta, pero que deje de hacerlo.

viernes, 20 de mayo de 2011

Imaginación y muchas risas


Me gustaría saber en qué momento dejamos atrás el mundo infantil con ese pensamiento mágico que lo rodea y llegamos a esta faceta adulta en la que todo nos sorprende cuando vemos actuar a un niño. Y es que muchas veces no doy crédito cuando observo a Teresa y he llegado a pensar que tengo una hija loca. Supongo que es normal que los niños tengan la risa fácil, pero ¿tanto? Teresa se ríe si le digo algo con simulando una voz distinta, si la toco con un solo dedo, si le soplo en el pelo, si hago algo parecido a una mueca, si me pongo un trapo en la cabeza o me lo quito, si me siento en el suelo o si me levanto, si doy una vuelta o salto, si canto, si estornudo… con cualquier cosa. Esto te proporciona tal subida de moral que he llegado a pensar que soy la persona más graciosa del mundo. Lástima que luego te das cuenta que estas cosas tan simples sólo le hacen gracia a ella, y es que los mayores no entendemos que la risa está en cualquier gesto.

Pero Teresa no sólo me sorprende con su risa porque desde que va adquiriendo un mayor dominio del lenguaje, bueno más bien diría que se está haciendo una experta, sus ocurrencias me dejan alucinada. Ya no es sólo el hecho de que no se pueda callar ni un segundo, si no está hablando está cantando, sino que se me hace difícil seguirle el ritmo a esa imaginación desbordante.

El otro día, mientras estaba en la bañera empezó a morder la esponja. Le pedía que no lo hiciera y me dijo “es un bocadillo”. Yo siguiéndole el rollo: “Ah, ¿y de qué es?”. “Es un bocadillo de ketchup, ¿ves que es rosa y tiene un pico de pan?”. Sin respuesta por mi parte.

Otras veces le da por decir que se llama Natalia, esto lo hace mucho, pero el otro día fue más allá y me dijo que yo me llamaba Carmen. Bien, “¿y cuántos años tienes?”, le pregunté. “Siete” me dice, mostrando sus cinco deditos, “y tengo dos hijos”. Yo me animo y quiero saber más “¿Y cómo son?”. “Son grandes, tienen cinco, y están en el parque pero luego vienen conmigo”. Ya no me atrevo a seguir preguntando a ver si voy a ser yo la inductora de que pierda la cabeza del todo.

martes, 10 de mayo de 2011

Lógica aplastante

Teresa está creciendo y ya casi no se puede hacer una lista de sus avances porque de un día para otro la cosa cambia mucho. Es como si uno se acostumbrase a que su hijo ha dejado de ser un bebé y das por usuales ciertas cosas hasta que de repente ocurre algo o dice una frase que te hace pararte y preguntarte “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Algo así me sucedió el otro día.

A la hora de la comida le estaba intentando poner un babero para que no se manchase la camiseta y ella se negaba, esto del babero es casi misión imposible últimamente. Yo le dije “Teresa, si comes sin babero te vas a manchar” y me dejó sin argumentos cuando me contestó “¿Y tú no, mamá?”.

Es la lógica aplastante de una niña de dos años a la que le gusta decir que es mayor, intenta hacer todo de forma autónoma, imita a los mayores y no entiende cómo si es mayor, tiene que hacer cosas como los niños pequeños como por ejemplo ponerse el babero. Eso si, para dormir, no hay nada como estar con mamá, como una niña pequeña.

martes, 30 de noviembre de 2010

22 meses juntas


Teresa ya ha cumplido 22 meses. En realidad es poco tiempo y sin embargo parece que llevo toda la vida con ella. Aunque quiera quedarme con todos los detalles de su vida las cosas se olvidan y ahora casi me cuesta acordarme de cómo era cuando no hablaba porque, la verdad, ahora sus conversaciones lo llenan todo. Creo que le es imposible estar callada y a duras penas lo consigue cuando duerme porque también hay momentos en los que habla en sueños.

Su idioma parece estar hecho a mi medida. Entiendo perfectamente todo lo que dice e incluso en ocasiones ante determinadas situaciones intuyo el discurso que vendrá después. Para mí es lo más sencillo del universo y por eso me cuesta creer que haya ocasiones en las que alguien no la entiende, sin embargo no me enfado como ella, que repite y repite lo que quiere decir y va subiendo el tono sintiéndose incomprendida. A veces intervengo y aclaro. En algunas ocasiones durante el fin de semana, cuando yo aprovecho para levantarme más tarde, la escucho contándole alguna cosa a papá una y otra vez mientras él pregunta y pregunta para solucionar el misterio de la frase incomprendida. En ese momento decido que total, no voy a poder coger el sueño y que no hay nada como mediar en un dialogo en que se plantean dudas.

Otras veces, como he dicho, nuestras mentes se conectan y le pido a sus interlocutores que no le recuerden a Bambi, ni siquiera cuando aparezca un cervatillo en la televisión. De lo contrario comenzará un interrogatorio sin fin que se resume básicamente en “¿por qué, por qué homes malos pean tio a mamá?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué pean tio?. Llegados a este punto, y si alguien no ha hecho caso de mis advertencias tengo que actuar rápidamente y recordarle a Teresa que la mamá de Bambi se curó finalmente y ahora está abrazada a su retoño, la abrazo y le digo “como nosotras”. Porque sí, porque yo ya sospechaba que había que cambiar algunos finales de cuentos antes de que alguien se lo contase de modo literal.

martes, 27 de julio de 2010

18 meses

Soy una madre horrible. Llevo muchos días pensando que Teresa estaba a punto de cumplir 17 meses cuando de repente me he dado cuenta de que en realidad el domingo pasado lo que cumplió fueron 18 meses. Mi error lo llevo arrastrando desde hace tiempo y no he dudado en prodigarlo por ahí ante las preguntas de otras madres en el parque. ¿Qué me está pasando? Y todo esto teniendo en cuenta que mi hija es el centro de mi vida, de no ser así, con la cabeza que tengo, en cualquier momento me retirarían su custodia los Servicios Sociales.
En mi entrada de hoy pensaba hacer un repaso de los avances que voy percibiendo en su desarrollo pero ya casi ni me fío de mi capacidad de observación. Aun así me arriesgaré.
Lo más destacado es el desarrollo del lenguaje. Habla mucho, por los codos, diría yo. Conoce muchas palabras y las sabe emplear correctamente. Pregunta por cada cosa que ve "¿eco qué es?" y hemos optado por darle las explicaciones oportunas aunque sean complicadas, creo que será lo mejor aunque no pueda repetir el nombre.
Sabe responder por su nombre y su edad. Me parece un avance muy importante y del que me di cuenta mientras jugaba con otros niños en el parque y comentaban las edades. Me refiero a que no respondió acertadamente ante una pregunta reiterada.
Imita sobre todo las conversaciones y entonaciones. Uno de sus juegos preferidos es coger el móvil y pasarse buenos ratos paseando y hablando. A veces incluso hace como que pone el manos libres, suelta el móvil en el suelo y pregunta "¿oye?". Esto lo ha copiado de su padre, sin duda, porque siempre suele hablar con el mismo interlocutor "Paco".
En la calle casi no quiere ir el su cochecito, prefiere ir "ananno", pero como te descuides pide "acojo" y te monta un numerito.
Ha desarrollado el sentido de la posesión y todo "e mío". Ahora se enfada incluso como se encuentre con otros niños en el tobogán y de tan cabezota como es casi prefiere no subir y lloriquea. Para intentar que cambie de opinión tengo que estar constantemente halagando las hazañas de los otros, aplaudiendo y mostrándole lo divertido que es. Ha aprendido a pegar. Por ahora no lo hace mucho pero ha habido ocasiones en las que le he pillado soltando una patada o un manotazo como algún niño toque algo suyo después de advertirle con un grito "¡ché, e mío!"
Intenta hacerlo todo sola y se enfada a menudo como no se lo permitas. Tiene un carácter muy fuerte y siempre intenta salirse con la suya. A veces resulta agotador estar negociando todo el día teniendo en cuenta lo pequeña que es.
El juego imaginativo le encanta y creo que acompañado de esto empiezan a aparecer los miedos que hasta ahora creo que nunca había experimentado, al menos que yo supiese interpretar. Le gusta jugar a hacer la compra, con un carro imaginario. Mientras yo le propongo que busque distintos artículos como fruta, yogures, pañales, toallitas, galletas, etc, ella recorre distintos puntos de la habitación recogiendo los supuestos productos cada uno en un lugar distinto y colocándolos en el inexistente carro. En cuanto a los miedos, el otro día cerró con fuerza la puerta del salón y vino hacia mí gritando "¡e mene, e mene!". Le pregunté quién venía y me contestó "el gato".
Siempre comunica cuando se ha hecho caca. Por imitación también pide ir al baño y hay que sentarla un segundo, no más, aunque por supuesto ni siquiera le quitamos el pañal porque no entiende para lo que sirve sentarse allí, simplemente repite lo que ve.
Contra todo pronóstico es muy coqueta. No soy una persona que use bolso habiatualmente, ni me gusta maquillarme a diario. Sin embargo Teresa se cuelga todo lo que tenga asas y cada día sale a la calle con una bolsa de plástico colocada con tanto estilo en el brazo que parece que lleva un louis vuitton. Allí mete su chupete.

jueves, 25 de marzo de 2010

Del gesto a la palabra

“Mamá papa”, qué ilusión me hizo. Esta es la primara frase que Teresa construía con dos palabras y yo que no cabía en mí de gozo al descubrir que mi hija admira portentosamente a su madre quise reforzar su comunicación y pregunté, “ah, así que mamá es guapa?”. Vaya si conseguí reforzar la comunicación, tanto que Teresa al ser consciente de que no la había entendido se explicó mejor y sentenció un “no” seguido de “papá ó ta?”. Ahora sí que la entendí y más planchada que emocionada por la evolución en el uso del lenguaje de la que estaba siendo testigo le expliqué que papá estaba en la cocina, haciendo la comida. Tan tranquila como quien se ha hecho entender sin complicaciones se volvió hacia la tele y se echó en mis brazos.

martes, 16 de febrero de 2010

Creciendo


Desde hace un tiempo tengo un poco abandonado el blog y escribo menos de lo que me gustaría. El trabajo me deja últimamente pocos ratos de descanso y cuando salgo del trabajo todo el tiempo es poco para dedicárselo a Teresa. En cuanto a los fines de semana tengo que decir que son sagrados y salvo fuerza mayor intento no sentarme frente al ordenador y si lo hago es para algún encargo del periódico. Y dicho esto a modo de disculpa voy con el tema de hoy que no es otro que los avances a pasos acelerados que voy percibiendo en Teresa. De un día para otro noto cambios en ella. Casi sin darme cuenta Teresa se está haciendo una experta en comunicación capaz de hacerte saber en cada momento lo que quiere. Su lenguaje y expresión corporal se vuelve cada vez más complejo. Sus negativas cuando no quiere hacer algo son cada vez más contundentes, casi grita, sin embargo también está empezando a contestar con un “ti” ante las preguntas en que su respuesta sería un si. Además también se está soltando un poco más a caminar sola. Pero lo más importante de todo es cómo me manifiesta su amor con fuertes abrazos y caricias.