A finales del mes de octubre del año pasado Teresa tuvo un fuerte brote de dermatitis. En principio aparecieron unos granitos por la cara y el culete así que no le di demasiada importancia y continué aplicando la crema habitual. A medida que pasó el día los granitos fueron extendiéndose por todo el cuerpo y decidí llevarla al médico que me recomendó una crema con corticoides que le extendí por todas las zonas afectadas casi de inmediato. Pero la cosa fue a peor, Teresa no paraba de quejarse, estaba bastante molesta y la dermatitis se iba extendiendo por todo el cuerpo cubriendo incluso los párpados. La imagen de la niña era desoladora y temí que en lugar de un brote de dermatitis fuese algo peor así que volví al centro de salud y en esa ocasión la vio un médico de urgencias. A pesar de ver el diagnóstico de la pediatra que consultamos por la mañana, este médico nos envió inmediatamente para el hospital ya que temió que se tratase de alguna alergia o reacción y que la cosa fuese a más incluso que “le dificultase la respiración”, dijo. Imaginad en qué condiciones me presenté en el hospital.
El médico que nos atendió allí dijo poco pero me tranquilizó bastante. Me recomendó seguir el tratamiento que le habían prescrito y esperar un tiempo prudencial hasta que pudiese hacer su efecto. Reconozco que debió pensar que aquello no requería ninguna urgencia pero al fin y al cabo sólo seguí las indicaciones de un profesional.
El brote de dermatitis se fue mucho más lentamente de lo que había llegado. Aun así decidí llevar a Teresa a un dermatólogo privado. Sus indicaciones no variaron mucho de la rutina diaria que yo ya seguía. Hidratación continua, gel de baño para pieles atópicas y tejidos de algodón. También me comentó que cada vez es más frecuente encontrar a bebés que padecen este tipo de erupciones y que normalmente suele ir desapareciendo con la edad.
Desde aquel momento Teresa no había vuelto a tener ni una sola erupción hasta hace unos días. Se ve que la llegada del frío le afecta a su piel extremadamente sensible. Sin embargo en esta ocasión no ha pasado de unas manchitas rojas en una oreja, y parte de la cara, aunque le pica bastante. Aplicando crema en la zona el alivio es inmediato y ya hoy prácticamente ha desaparecido. Este año Teresa sabe expresar perfectamente lo que le pasa, ella misma me pide que le ponga crema porque entiende cuando le explico que es mejor no frotarse aunque le pique. Me imagino lo que tuvo que pasar el año pasado cuando no se podía hacer entender.