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viernes, 29 de octubre de 2010

Ataque de furia


En esta imagen no está pidiendo desesperadamente que la coja en brazos, no. Se trata de un ataque de rabia y la destinataria de esa mano amenazante era yo.

viernes, 22 de octubre de 2010

A pegar también se aprende

Teresa ya ha aprendido a pegar sus primeros manotazos. No sé si es cierto lo que dicen algunos sobre que los niños que van a guardería aprenden antes. El caso es que Teresa mantiene un contacto diario con los primos y sin embargo no ha aprendido de ellos, claro que, al ser más mayores, la suelen proteger.

Recuerdo este verano la cara que se le quedó cuando tan contenta y entusiasmada me pidió ir a jugar con una niña de unos tres años que había en una plaza y cuando llegó a su lado ésta, sin mediar palabra, le arreó un guantazo bien fuerte en la cara. Qué decepción, las lágrimas le rodaban por toda la cara y me miraba con curiosidad como esperando una explicación a ese gesto sin sentido. Yo no pude más que consolarla y tomarla en brazos. Creo que era la abuela de la niña la que se acercó y regañó de muy mala manera a la pequeña por aquello. Yo intenté disimular como pude lo muy petarda que me pareció la niña y la disculpé con la típica frase de “son niños”. Al fin y al cabo es verdad, pero la rabia no me la quitó nadie. A los pocos minutos Teresa ya quería volver con ella y yo, pese a mis temores, tuve que acceder diciéndome a mí misma que habría que darle otra oportunidad y quitarle hierro al asunto, no fuese a ser que Teresa se asustase. Allí volvimos las dos y parece que convencí a la pequeña para dar un paseo por la plaza las tres cogidas de la mano. Teresa estaba tan feliz que debió pensar que el guantazo había sido por error cuando de repente la dichosa niña se para y le suelta otra bofetada. Ganas me dieron de comerme a la niña pero lo único que hice fue de nuevo tomar a Teresa y consolarla ante tan inexplicable acto. No estaban compitiendo por nada, no había juguetes que compartir, ni lógica alguna para aquello. Esta vez la abuela se levantó y le dio uno buen zarandeo al que se sumaron unos cuantos cachetes en el culo. En este momento entendí mejor el comportamiento de la pequeña, ¿cómo pretendía esa mujer corregir una actitud haciendo justamente lo mismo que lo que pretende evitar?

Una muestra de la confianza en el género humano de Teresa es que, a pesar de lo sucedido, no se resignaba a evitar a aquella chiquita, es más quería volver con ella, así que no me quedó otra que alejarme del lugar.

Hasta el momento la destinataria de los tortazos, mejor los llamaré manotacillos, he sido solamente yo. Siempre se producen por frustración, porque no la dejo hacer algo que quiere hacer. La mayoría de las veces tengo que controlar mi expresión porque, sinceramente, me hace mucha gracia ver la cara que me pone como avisándome de lo que viene y esperando ver mi reacción. Por ahora siempre actúo igual, preguntándole “¿mamá te pega a ti? La muy pícara responde “no, egar no, etitos” (pegar no, besitos), acto seguido me abraza y yo me la como a besos.

¿Alguien ha pasado ya por esto? ¿Cuál es la mejor manera de actuar?