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lunes, 27 de diciembre de 2010

Resaca navideña

Después de los días de fiesta podría decir que estoy en plena resaca navideña. Y digo días de fiesta por decir algo ya que en realidad lo que hemos disfrutado es un fin de semana normal y corriente pero con tantos actos concentrados que todavía no me he recuperado.

La Noche Buena la pasamos en casa de mis padres, con toda la familia y por tanto con muchos primos. Teresa llegó contentísima y no dejaba de saltar cada vez que llamaban a la puerta. Yo sabía que para ella era un acontecimiento y durante todo el día ya me hablaba del abuelo y de su prima María, de la fiesta y de los villancicos. No hubo que hacer mucho esfuerzo para que los niños se sentaran a la mesa y Teresa comió muchísimo, pero sobre todo disfrutó con los bombones que había hecho su papá, tanto que tuvimos que esconderlos. Con los nervios no consiguió dormir siesta, así que yo pensaba que se dormiría prontísimo. Qué equivocada estaba, no se durmió antes de las doce y media y encima me tuve que acostar con ella. Una vez que se durmió nosotros aprovechamos para salir con mis amigos y lo pasamos genial después de tanto tiempo sin verlos. Cuando llegamos, para mi sorpresa, Teresa se había despertado y allí estaba con ella la santa abuela. No tardó nada en volverse a dormir, en cuanto me acosté, pero el problema llegó al día siguiente. Se despertó penosa, yo ya sabía que no había descansado todo lo que necesita y estuvo durante toda la mañana penosa y llorando todo el rato. Es la primera vez que la veo así. Por suerte, con una siesta se arregló todo y volvió a ser la misma niña de siempre. De nuevo tuvimos comida familiar y juegos con los primos hasta que por la tarde regresamos a casa.

Hoy lunes todavía arrastro el cansancio en el trabajo porque, todo hay que decirlo, no tengo vacaciones. Eso sí, Teresa y papá dormían placidamente cuando yo salí de casa esta mañana, qué envidia.

viernes, 7 de mayo de 2010

Tolerancia cero con los intolerantes


Desde hace tiempo, cada vez que me encuentro con situaciones que no me gustan, una idea me ronda la cabeza: ¿me estoy volviendo cada vez más intolerante? Cierto, ya estoy convencida al cien por cien. Yo que siempre me creí paradigma de la libertad, respetuosa con opiniones contrarias y con unas tragaderas enormes para cuestiones con las que no estoy para nada de acuerdo, resulta que mi cabeza, mi temperamento y hasta mi ego más interno han dicho todos juntos “basta, tolerancia cero con los intolerantes”.

Ya no estoy dispuesta a discutir según qué temas, ni soporto rebatir argumentos arcaicos con gente que es capaz de encenderme hasta hacer que la vena del cuello parezca a punto de estallar.

Todo esto viene a cuento de la Iglesia (con mayúscula) y su particular modelo de familia que, por todos los medios, intentan imponer como único modelo legal. Como nos descuidemos imponen un carné de autenticidad y veríamos entonces quién narices supera la prueba.

Aunque me encienda mucho este tema, no seré yo quien salga a la calle a decir a nadie cómo debe ser una familia e intentar sentar cátedra en el asunto, como sí hacen ellos desde sus púlpitos. Mucho menos entraré en el tema de las peras y las manzanas. Sin embargo, sí estoy convencida de que un matrimonio civil, un divorciado con hijos, los abuelos que crían a sus hijos, dos mujeres o dos hombres que se aman, todos ellos son una familia, del mismo modo que tantos otros ejemplos como familias mismas hay.

Todo esto lo escribo aquí para desahogarme un poco, porque lo que es discutir, argumentar o refutar opiniones contrarias; YO, YA HE DESISTIDO. Eso sí, quien quiera opinar lo contrario es muy libre, pero que no espere que yo le rebata.



jueves, 7 de enero de 2010

Vuelta a la rutina



La familia hoy ha vuelto a la rutina después de estos días de fiesta. En realidad yo no he tenido vacaciones salvo las fechas señaladas que este año se han unido, afortunadamente, a los fines de semana. Sin embargo, las vacaciones de David suponen para nosotros algo más que unos días de descanso ya que es lo que nos permite llevar una vida en común. Nuestra pequeña familia de tres sólo convive los fines de semana y durante las jornadas de asueto de un profesor. Así es nuestra vida debido al trabajo de cada uno.
Así que a partir de hoy hay que recomponer de nuevo todas las rutinas de Teresa a la otra cuna, a la otra casa, el otro baño, y sobre todo a no dormir sus siestas con papá.
Por otra parte yo también tengo que recomponer mis emociones y dejar por un tiempo de poner en la balanza de mi cabeza las cosas negativas que en días como este no paro de encontrar.