viernes, 25 de enero de 2013
Cuatro años
jueves, 27 de enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
Dos años

Dos años han pasado ya… Justo cuando empiezo a escribir esta entrada estabas naciendo, Teresa. Ni verte pude. Llegaste con tres vueltas de cordón y te habías hecho caca. Rápidamente te aspiraron y tu padre era quien me iba diciendo lo bonita que eras y los ojos tan abiertos que tenías. Las caras del personal cambiaron de repente y la tensión se respiraba en la sala mientras yo estaba asustada, desorientada e intentando descifrar algún gesto en alguien para conocer la realidad del estado de mi hija. La llamada al pediatra con urgencia no me tranquilizó en absoluto. Mientras te observaba me dijo que esperaríamos un poco para ver si se calmaba ese gemido que tenías o rompías a llorar de una vez. De todos los comentarios, de todas las conversaciones, me llamó la atención la respuesta que el pediatra dio a una enfermera que preguntó qué hacían con la niña: “la viste como a las demás y la sube a la habitación”. Puede parecer una tontería, pero en ese momento pensé que mi hija iba a morir.
Durante un rato estuvimos los tres; papá, tú y yo. Te abracé con fuerza mientras me mirabas fijamente, reconociéndome. En ese momento le dije a papá que te querríamos por encima de todo y que estaríamos preparados para lo que fuera. Él sólo pidió que si debíamos enfrentarnos a alguna enfermedad, al menos se tratase de algo por lo que tú no sufrieras. En ese momento el pediatra entró y nos hizo caer en la cuenta de que tu gemido era menos intenso, era una buena señal.
Mientras yo estaba en la habitación, rodeada de gente a la que no podía ni siquiera escuchar, papá estuvo contigo cuando te hacían una placa torácica para ver el estado de los pulmones. En el trayecto en el que él mismo te llevó en sus brazos te iba diciendo “Llora Teresa, llora con fuerza, llora toda tu vida si quieres”. Estoy segura de que fue el peor momento de su vida. Y más tarde, cuando estuvimos solos me contó que lloró como un niño cuando el médico le dijo finalmente que estabas bien y que no había que hacer más pruebas. Tu llegada al mundo fue así, superando obstáculos, dando ruido, poniéndonos a prueba, como tú eres.
Esa noche ya la pasaste conmigo en la cama, como tantas otras noches en estos cortos dos años. Y en tan poco tiempo cuánto habíamos cambiado todos, cuánto se nos removió por dentro, cómo nos hiciste ver las cosas importantes de la vida.
jueves, 5 de agosto de 2010
Un año más
Hoy es mi cumpleaños y Teresa ya me ha felicitado. Cuando se ha despertado, de tan buen humor como siempre, su padre me ha dicho felicidades y después ella ha hecho lo mismo. Qué cumpleaños más feliz. Hoy estoy muy contenta y de buen humor, es de esos días en que veo el vaso no ya medio lleno, sino a rebosar.
No es que me haya tocado la lotería, no, es simplemente que soy muy feliz con lo que tengo, llamadme loca. Mi familia, mis amigos, algunos a los que no veo tanto como quisiera, David y Teresa, todos conmigo y poco más necesito. Bueno si, tiempo para disfrutar aún más, pero ya no queda casi nada para las vacaciones!
miércoles, 27 de enero de 2010
Feliz cumpleaños Teresa, con dos días de retraso
Una amiga mía me envió un mensaje el día 25 de enero para felicitar a Teresa por su cumpleaños y a mí porque “un año criando es muy bonito pero también muy duro”, decía. Después de leerlo me quedé pensando en el modo en que ha cambiado mi vida en este último año. Como ya comenté en el primer post de este blog Teresa llegó a mi mundo como un elefante a una cacharrería, cambiando toda mi escala de valores y prioridades y desordenando por completo mis emociones. Con Teresa se llenaron de sentido las pequeñas y grandes cosas del día a día y poco a poco sus asuntos fueron ocupando el espacio de los míos. Esto último no sólo es una metáfora ya que del mismo modo ha ocurrido en el espacio práctico, es decir, sus cosas han invadido toda la casa. Es imposible imaginar la vida sin ella y parece mentira que todo este cambio se haya producido en tan sólo un año.
Sin embargo la maternidad también acarrea otros cambios. Por ejemplo casi desaparece la vida social ya que cuando salgo con mis amigos las conversaciones se suelen quedar a medias porque Teresa no puede esperar. Además la mayoría de los temas se suelen centrar en ella. Las noches han dejado de ser para siempre noches de sueño profundo en las que no me hubiera enterado si el edificio se caía. Las películas en casa (ya no hay cine) se suelen quedar a medias y los libros ni te cuento. Las salidas nocturnas se acabaron y cambió definitivamente la vida en pareja. Son las otras cosas de la maternidad…
