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viernes, 17 de febrero de 2012

Teresa y los cambios



Resulta un tanto extraño el modo en que Teresa asimila los cambios en su vida, al menos a mí no deja de sorprenderme cómo para las cosas que yo creo supondrán un paso importante reacciona con absoluta normalidad y sin embargo algunas pequeñas modificaciones en su rutina pueden suponer un mundo.

El cambio de ciudad lo asimiló con alegría y entusiasmo, como una oportunidad de seguir descubriendo el mundo y con mucha confianza. Ya he comentado alguna vez que Teresa se siente muy segura y nada le extraña siempre que papá y yo estemos a su lado. Así fue también como se adaptó, para nuestra sorpresa a la guardería, a la que asiste de 9.30 a 13.30 cada día con muchísima ilusión y de la que vuelve contándome con todo detalle hasta las conversaciones que mantienen las cuidadoras. Conoce por su nombre no sólo a su seño y sus compañeros, sino a todas las seños y a numerosos niños de otras clases, a los cocineros, las limpiadoras y hasta los abuelos de algunos de los pequeños que acuden a recogerlos. Al principio le bastó creer que yo estaba las cuatro horas en la puerta de la guardería para sentirse tranquila aunque ahora empieza a sentir serias dudas de que esto sea así y me acosa a preguntas. (Tengo que tener mucho cuidado en llevar las mismas cosas a la hora de recogerla que en el momento en que la llevé, tipo paraguas).

Con esta actitud Teresa pone en evidencia que yo soy la única a la que le ha costado un poco el cambio y que, a pesar de esta feliz y segura porque estemos los tres juntos, echo de menos mi ciudad, la familia, los amigos y podría decir que hasta el trabajo, porque en estos tiempos que corren creo que me costará mucho encontrar otro.

En cambio Teresa para otros temas es muy suya, yo diría que hasta un poco maniática. Por ejemplo si ve por primera vez algún tipo de objeto que esté colocado en un determinado lugar y de cierta manera, eso es el evangelio y que nadie ose a cambiarlo de forma o de lugar que te mira amenazante y ofendida diciendo “¿esto que hace aquí?”. Lo mismo ocurre con los juegos o con las historias que le cuento, si la primera vez lo hemos hecho de una forma, para ella eso parece que sienta cátedra y será así de por vida.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Último día de trabajo


Hoy es mi último día de trabajo. Todavía tengo muchas cosas por recoger. Parece increíble que haya acumulado tanto trasto, aunque la verdad en los últimos años he pasado más horas aquí que en mi casa, así que no es de extrañar. Las cosas pendientes por hacer después de las vacaciones, organizar el trabajo para facilitar tareas a mis compañeros, despedidas y papeleo son cuestiones que están ayudando a que no me de mucho tiempo a pensar en lo que significa que este sea el último día.
Además he tenido una sorpresa que agradezco enormemente que la organizasen unos días antes. Me han hecho una especie de homenaje, con un reportaje de despedida en el que mucha de la gente con la que he trabajado, representantes de distintas instituciones e incluso políticos, hablan sobre mi trabajo en estos años. No sé si realmente todo lo que dijeron lo piensan de verdad, entiendo que muchos emplean frases típicas que se dicen en estos casos, otros además hablan como si me hubiese muerto, también estoy convencida que algunas personas se han expresado con sinceridad y de todos modos lo agradecí enormemente. Es un gran recuerdo que se suma a una placa que me regaló mi jefe por mi “compañerismo y profesionalidad” y a unas copas de cava con algunos compañeros.
Seguramente mañana tendré la sensación de que es fin de semana, así que hasta que no pasen unos días no seré realmente consciente de que he dejado mi trabajo. Por el momento Teresa será la que más disfrutará de los cambios ya que estoy segura de que el tiempo que nos queda hasta que comencemos una nueva rutina en otra ciudad lo va a vivir como unas mini vacaciones.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Una nueva etapa


Hace tiempo que quiero hablar sobre una decisión que he tomado y que cambiará mi vida y la de mi familia, sin embargo he ido retrasando este asunto como si de esta forma fuese alejando también el momento en que finalmente el cambio se va a producir.
Después de mucho meditarlo he tomado la decisión de dejar mi trabajo. Lo hago para que finalmente vivamos los siete días a la semana los tres juntos; Teresa, papá y yo, cosa que hasta ahora no ha sido así. Durante un tiempo pensamos que quizá habría algún modo de poder ir acercando y conciliando nuestras distintas profesiones, sin necesidad de que ninguno de los dos renunciase a su trabajo, pero hay cuestiones que es mejor que no las solucione el tiempo, sino que requieren de nuestra actuación. Aunque me gusta mi trabajo no lo dejo con pesar, es más, no tengo ninguna duda de que estoy haciendo lo mejor. Además el tiempo que transcurra hasta que encuentre otro trabajo pienso disfrutar al máximo del día a día con Teresa, que este año todavía no se incorporará al colegio, por lo tanto también he decidido tomarme con calma y sin estrés esa tarea de búsqueda.
El próximo miércoles termina una etapa y comienza una nueva aventura para nosotras, con traslado de ciudad incluido. A pesar de que los cambios siempre me provocan incertidumbre, afronto este con mucha ilusión y seguridad, aunque para qué negarlo también con cierta nostalgia. Pero ¿acaso la vida no consiste en eso, en tomar decisiones, mirar con nostalgia el pasado y el futuro con optimismo?

lunes, 25 de julio de 2011

Dos años y medio


Hoy celebramos los dos años y medio de Teresa. Me refiero a que lo celebramos porque estamos muy contentos y es una fecha importante, no es que hayamos preparado una fiesta. Hoy me he puesto a recordar cómo era Teresa hace un año y es asombroso todo lo que ha cambiado. Es una niña más que un bebé. El cambio más importante últimamente es que le encanta jugar con otros niños e intenta manejar la situación, convencer a sus amigos para que jueguen a lo que ella quiere, sobre todo hacer carreras. Ya no me necesita tanto en sus juegos, aunque es cierto que a los niños les encanta que los mayores decidan jugar con ellos y corro gustosa detrás de todo el grupo. Otro de sus juegos predilectos es hacer de camarera, preguntar a todo el mundo qué desea y preparar platos en una cocina imaginaria o incluso comprar los ingredientes en el supermercado imaginario, y si puede hacerlo corriendo de un lado para otro, mejor. Otras veces sustituye las carreras por los saltos. Es como si necesitase quemar energía acumulada, algo que siempre he pensado de los niños.
En el agua es toda una acróbata, ya no quiere que le de la mano para saltar a la piscina y ha aprendido a hacerlo sola. Coloca los pies justo al borde de la piscina y salta con fuerza bien lejos. Es un espectáculo porque le gusta mucho meter la cabeza debajo del agua y levantar las piernas, dice que hace el pino. Se maneja perfectamente en el agua con sus manguitos y llega a la dirección que quiere rápidamente. Además ahora ha aprendido a salir de la piscina por el bordillo, sin ayuda. Termina los días agotada.
Hace tiempo que no toma biberón por las mañanas, decidió un buen día tomar su leche en la taza de Caperucita Roja, pero papá le compró otra de Mickey Mouse más grande, así que sigue tomando la misma cantidad. Lo que no hemos conseguido todavía es que tome la fruta a trozos o un filete. Es misión imposible, por ahora.
Le gusta mucho la música y bailar. Es normal escucharla canturrear a cualquier hora mientras hace cualquier cosa. Canta canciones que conoce o que ella misma se inventa. Por las noches, aunque pide ir a su habitación a para que le lea un cuento y luego dormir, tarde o temprano me llama para venir a mi cama, algunos días está tan agotada que cuando me llama ya ha amanecido. Cuando viene a mi cama extiende sus brazos y nos toca el pelo a los dos al mismo tiempo hasta que vuelve a dormirse.
Es consciente de sus avances y logros, tanto que ya se me mayor. Todo el tiempo está hablando de lo grande que es y de que puede hacer esto o lo otro porque “ya soy mayor”. Tiene mucha prisa por crecer, mientras su padre y yo intentamos parar el tiempo para disfrutar de cada momento con ella y le decimos: “Teresa, no crezcan tan deprisa, por favor”.

martes, 28 de junio de 2011

Fin del pañal y por fin sus pies

Teresa se ha despedido del pañal definitivamente. Sin prisa pero sin pausa, y de manera más fácil y cómoda de lo que yo auguraba, así ha sido. Después de que no se produjese ningún escape durante el día y dado el control que demostraba, mi hermana me aconsejó, sabia como siempre, que comprobase si el pañal estaba seco por la mañana y si así era, que la dejase dormir sin él.

Dicho y hecho, Teresa se despertaba con el pañal totalmente seco, no sólo de la siesta, también por la noche. Además, la mayoría de los días me ha pedido ir al baño nada más levantarse de la cama. Con todos estos indicios, la operación pañal parecía superada y así ha sido. Cuatro noches sin pañal y cero escapes. Y ella tan contenta va contándoselo a todo aquel que la quiere escuchar.

Pensando ahora en toda la pereza que me daba la operación pañal me sorprende lo fácil que ha resultado. Y es que parece que es cierto que los padres solemos enfrentarnos a los cambios con más temores que los niños. Todavía recuerdo la pena que me daba al pensar en su chupete y Teresa lo olvidó tan pronto que parecía que nunca lo hubiese necesitado. Ahora también me da algo de nostalgia recordar en su culo regordete y abultado con pañal.

Por cierto, ya tengo algunas fotos de sus pies, aunque no son las mejores y no descarto hacerle otras. Posiblemente a partir de ahora me pase la vida fotografiándolos.















viernes, 24 de junio de 2011

Los pies de Teresa


Mañana Teresa cumplirá 29 meses. No es una fecha redonda, pero cualquier momento es bueno para reseñarlo. Crece y crece y no ha habido ni un solo día de su vida que haya dejado de sorprendernos. Uno cree que con el paso del tiempo se irá haciendo una rutina y se dejará de vivir cada momento compartido con su hijo como algo mágico, como un regalo, pero no es así. Cada noche me acuesto pensando en hacer uno foto de sus pies regordetes y sus manos, son las cosas que más me enternecen de su cuerpecito a camino entre el bebé que fue y la niña en la que se está convirtiendo. Durante el día pasan mil cosas y al final siempre pienso en esa foto justo cuando me voy a dormir, una tarea pendiente y recurrente cada noche. Es como si quisiese atrapar el tiempo con esa foto, y se convierte en una idea angustiosa el pensar que pasan los días y no la tengo.

martes, 10 de mayo de 2011

Lógica aplastante

Teresa está creciendo y ya casi no se puede hacer una lista de sus avances porque de un día para otro la cosa cambia mucho. Es como si uno se acostumbrase a que su hijo ha dejado de ser un bebé y das por usuales ciertas cosas hasta que de repente ocurre algo o dice una frase que te hace pararte y preguntarte “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Algo así me sucedió el otro día.

A la hora de la comida le estaba intentando poner un babero para que no se manchase la camiseta y ella se negaba, esto del babero es casi misión imposible últimamente. Yo le dije “Teresa, si comes sin babero te vas a manchar” y me dejó sin argumentos cuando me contestó “¿Y tú no, mamá?”.

Es la lógica aplastante de una niña de dos años a la que le gusta decir que es mayor, intenta hacer todo de forma autónoma, imita a los mayores y no entiende cómo si es mayor, tiene que hacer cosas como los niños pequeños como por ejemplo ponerse el babero. Eso si, para dormir, no hay nada como estar con mamá, como una niña pequeña.

viernes, 11 de marzo de 2011

La escena del supermercado

Ya lo hemos vivido, si. Sabía que la famosa escena de “niño que agarra una rabieta en el supermercado” no era una leyenda urbana porque no sólo había escuchado hablar de ella en infinidad de ocasiones sino que además yo misma, con estos mis ojos, la he visto alguna vez.

Pues el caso es que nosotros ya hemos superado la primera, y creo que con éxito, si es que ante una situación así se puede hablar en estos términos. Ocurrió el otro día cuando fuimos al supermercado de un centro comercial. Todo transcurría con normalidad, viendo a los animales de la tienda de la entrada durante largo rato, agarrando un carrito pequeño y dejándoselo llevar a Teresa, recorriendo pasillos hasta dar con los pañales, ella pidiéndome que los lleve yo para que no le pese el carro… Todo lo habitual hasta que llegamos a un pasillo repleto de zapatitos que en esta ocasión además eran de color rosa fucsia. Si unimos zapatos, algo que le encanta, con color rosa, su favorito, la atracción está asegurada, aunque yo no consiga entender qué extraña seducción ejerce sobre ella este color.

Teresa me pide inmediatamente probarse unos y cuando me doy cuenta ya se había quitado los zapatos. Así que accedo, y ya tenía ella unos en la mano preparados, un número 26 por lo menos. Se los coloco y le digo que le quedan grandes, ya quiere llevárselos puestos. Le digo que no puede que le están grandes, dice que no, insiste y se levanta para caminar con ellos, la siento y se los quito, se pone a llorar. Intento ponerle sus zapatos y llora con más fuerza además de resistirse y moverse levantarse y correr. La dejo descalza mientras busco algunos que sean de su número, dudo y no sé si esto sería muy recomendable. Vuelve, se sienta, coge otros zapatos y grita ¡Estos sí, mamá!, se los intenta poner, no son su número, (¡NO HAY SU NÚMERO!).

Intento salir de ese pasillo como sea, ella viene detrás llorando, yo le explico que no hay su número que son todos grandes, insiste llorando, ya es consciente de que se va sin los zapatos. Le digo que veremos los juguetes (segundo error) aunque sigue llorando todo el rato. Por fin llegamos y se anima. Ve una moto, de plástico, dos ruedas, muy bajita. Me pide que la suba y así lo hago (¿tercer error?). Está encantada, se mueve libremente porque llega con facilidad al suelo y recorre los pasillos. Llega la hora de irnos y no hay manera de que suelte la moto. De nuevo llantos, y más llantos. Le digo que no es suya y me suplica ¡págala! (¿cuándo ha aprendido esto?). Le digo que es sólo para regalos. A estas alturas mi sobrino, de 7 años, que viene con nosotras, se tapa la cara porque no puede aguantar la risa. Él también intercede, intenta convencerla sin éxito y decidimos ir hablándole mientras damos pasitos en dirección a una caja, pero Teresa no deja de llorar. Por el camino corre hasta el pasillo de los zapatos de nuevo. Aquí ya no podemos hacer nada, la cojo y llegamos hasta la caja. Llora con más fuerza mientras mi sobrino le dice que compraremos chicles (A Teresa le encanta masticarlos, aunque los tira en cinco segundos). Ella sigue llorando mientras yo intento pagar. Cuando Teresa ve que casi estamos dejando la caja deja de llorar y pregunta ¿mamá, pompas chicles? , con la voz más dulce que le he escuchado jamás. Le digo que sí, que cada uno puede elegir un paquete y salen los dos sonrientes y contentos. Aquí no ha pasado nada.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Descubriendo el temperamento de Teresa


De un tiempo a esta parte soy más consciente de cómo va creciendo Teresa. Lo he notado sobre todo en cómo va dejando ver su carácter, que si hasta hace nada esta niña era un remanso de paz, ahora le ha dado por dejarnos claro que de seguir nuestras indicaciones “porque sí” como los burros, nada de nada.

Pero ¿qué me creía yo, que la niña iba a ser toda la vida una dócil y no iba a dejar clara y bien marcada su posición? No sé si por algún momento se me pasó esto por la cabeza teniendo en cuenta el carácter que tenemos su padre y yo (más yo, diría).

Hasta el momento el modo más común que ha encontrado para manifestar su desacuerdo o disconformidad con algo el llamarme tonta a gritos, pero gritos de verdad, de los que se escuchan en todo el vecindario. Supongo que lo hace porque continuamente le estoy diciendo que no me gustan los gritos, así que ella va al grano, donde sabe que molesta. Por suerte, estos episodios se suelen dar cuando está cansada, con lo cual, no hay que negociar mucho porque en poco rato estará dormida.

Me alegra saber que Teresa tiene temperamento, sólo espero que aprenda a canalizar su rabia poco a poco y, sobre todo, que no sea yo siempre el foco de sus ataques.

Pero ¿qué se hace en estas situaciones? A veces me da risa, pero intento contenerme, otras veces me pongo atacada cuando no consigo sacarla de esa espiral de “Tontaaaaaa, tontaaaaa”, incluso he llegado a mostrarme enfadada o triste, pero en realidad no sé que será lo mejor en estos casos. Cuando se le ha pasado hablo con ella y le pregunto si me va a gritar más y siempre contesta “No, era boma” (No, era broma). Por lo que se ve también tiene sentido del humor.

lunes, 17 de enero de 2011

Fin de la etapa chupete

Este fin de semana hemos dicho adiós al chupete, aunque no me atrevería yo a anunciar que será definitivo. En los últimos arrebatos de Teresa le daba por tirarlo al suelo con rabia, ante cualquier enfado. Si le pedía que no lo hiciera y le decía que podría perderlo lo volvía a tirar con más fuerza, si cabe. Estas expresiones de carácter están siendo de lo más habituales últimamente, muchas veces sin motivo aparente y en ocasiones hasta hay que contenerse una carcajada porque se pone muy ofendida incluso se da la vuelta ocultando su rostro y dejando ver que está realmente enfadada y nada lo puede arreglar.

El sábado después de su siesta volvió a arrojar al suelo el chupete y le dije que como no lo quería lo tiraría a la basura. Cogí el chupete del suelo y lo escondí. Teresa se enfadó pero se le pasó pronto y se olvidó por completo del tema.

Cuando salió con papá a la calle y después de caminar un rato pidió montarse en su silla se acordó del “tete”. El problema es que se me había olvidado meterlo en el bolso que siempre llevamos. Cuando me llamó papá por teléfono contándome que Teresa estaba pidiendo su chupete yo no estaba en casa, así que tampoco podía llevárselo. En ese momento pensé que tampoco sería mala idea probar a ver qué pasaba y cómo llevaría intentar dejarlo.

Por la noche cuando la dejé en la cuna lo volvió a reclamar “quero mi tete”. Le dije que iría a ver si lo encontraba y ella esta tan cansada que se durmió enseguida. Tuvo algunos despertares en los que lo volvió a nombrar pero sin demasiado ímpetu porque siguió durmiendo tan ricamente.

La mañana del domingo yo no sabía si estaba contenta por el paso que estaba dando Teresa y llevarlo relativamente bien o me encontraba triste porque tenía la sensación de que estábamos empeñados en hacerla mayor. Esa mañana tuve que trabajar y no conseguía quitarme el tema de la cabeza, incluso llegué a tener remordimientos, tantos que cuando regresé a casa estaba dispuesta a desistir y hubiera dado lo que fuera por volver a ver la imagen de mi niña, mi bebé, con su chupete en la boca. Papá frenó mis intenciones diciéndome que Teresa lo estaba llevando muy bien y que tarde o temprano habría que hacerlo. A pesar de todo no me siento muy contenta, ¿será normal esta sensación?

martes, 11 de enero de 2011

¿Terribles dos?

Después de tantos días de fiesta cuesta volver a la rutina, aunque también se agradece el orden que conlleva porque hemos terminado agotados. Teresa ha disfrutado mucho con las fiestas, las reuniones, los reyes magos y sobre todo con papá que ha estado con ella todas las vacaciones. Pero aunque lo ha pasado muy bien también ha acusado en algunos momentos el cansancio, tanto que alguno de estos días temí que estuviese entrando en esa fase de la que tanto he oído hablar “los terribles dos años”.

A mi me cuesta creer que cada una de las etapas de los niños se pueda catalogar y que todos pasen por fases con comportamientos similares que se puedan etiquetar de manera rigurosa, pero ante la necesidad de encontrar respuestas y el asombro de que mi hija parecía otra niña, me dejé llevar y ya estaba yo (la experta, jaja) explicándole a papá que, justo un mes antes de que cumpliese los dos años Teresa entraba en “los terribles dos”. A partir de este momento nos enfrentaríamos a rabietas, negaciones continuas, negociaciones permanentes, llantos sin explicación, irritabilidad constante, y no se cuantas cosas más. Por momentos he tenido la sensación de que me habían cambiado a mi hija. Me ha desafiado, se ha negado en rotundo a hacer cosas que normalmente realiza sin esfuerzo, se ha mostrado arisca con la gente, se ha negado a jugar con sus amigos y ha llorado por cualquier cosa. Cualquiera que lea esto puede entender que son actitudes muy normales en niños de la edad de Teresa, incluso yo misma no lo encuentro tan extraño ahora que lo escribo pero aseguro que durante unos días he notado cambios importantes. Sin embargo las alarmas se han desvanecido, ha sido recuperar la normalidad y Teresa es la de siempre, al menos por el momento no hay señales de que estemos en esa etapa. Muchas veces no sé si Teresa ha pasado por todas o soy yo quien intenta encajar su crecimiento en cada una de ellas. Al final, como se suele decir, la explicación más sencilla suele ser la más acertada, y es que los cambios en las rutinas a los niños no les suelen sentar bien y los dejan agotados (como a los adultos).

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sorpresa... ya ha pasado un año!


Quedan sólo dos días para que termine el año y se me ha pasado volando, casi no me he dado cuenta. 2010 ha sido un año intenso, bueno diría yo, y eso que también ha habido malos momentos. Lo más destacado ha sido el cambio de Teresa que ha pasado de ser un bebé a una niñita. Aprendió a caminar, comenzó sus primeras palabras y ahora corretea y salta por todos lados y no para de hablar y preguntar cosas. De los despertares nocturnos hemos pasado a un sueño reparador y profundo y casi todas las noches completo en su cuna. Incluso pronto dejará atrás la etapa del pañal. Está creciendo y me parece increíble que yo haya podido ser protagonista en esta historia.

Y ahora, haciendo memoria de todo este año, no puedo más que dar las gracias al universo porque todo se haya dispuesto de tal forma para que yo viva la experiencia más enriquecedora de mi vida. Pero además también me gustaría dar las gracias a todas esas personas que tanto necesito y que comparten conmigo los descubrimientos cotidianos de Teresa.

Doy las gracias a David, el mejor papá del mundo, y quien está experimentando en estos momentos cómo Teresa evoluciona de la mamitis a la papitis (snif, snif, ya me temía que en algún momento podía pasar). También les doy las gracias a mis padres que juegan diariamente un papel fundamental en la educación de Teresa. Sin el abuelo Teresa no sería la niña cariñosa que es. Con él juega cada mañana y con una paciencia infinita le cuenta varios cuentos, la lleva a sus adorados columpios, la llena de besos y de historias con una ternura que me conmueve y que sé que acompañarán a Teresa para el resto de su vida. Mi madre, que gracias a ella, y siguiendo su ejemplo, intento alcanzar la mamá perfecta que me gustaría ser, y es la persona quien siempre tiene una mano tendida para todo el mundo. En sus brazos todos los problemas se borran y vuelves a ser una niña. También doy las gracias a mis hermanos que disfrutan conmigo de esta aventura y todos forman parte de esta tribu tan necesaria. Gracias también a la toda la familia de David, a quienes sin duda les gustaría poder pasar cada día con Teresa y a los amigos, quienes siempre están dispuestos a escuchar todas mis dudas sobre crianza y forman parte del comando de cariño que hemos creado con esta experiencia.

Por último, me gustaría dar las gracias a todos los que me leéis y habéis seguido mis descubrimientos y los de Teresa. A todos, todos, mil gracias por compartir este año que ya acaba y espero que podamos seguir así en 2011 y que nos contagiemos un poquito de la sorpresa con la que Teresa vive los detalles más pequeñitos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La hormona de la felicidad

Uno de los cambios más importantes que he experimentado con la maternidad es el estado de ánimo. Después de las primeras semanas en las que el descontrol hormonal fue la nota predominante de mi recién estrenada maternidad, llegó lo que yo llamo la época de “feliz tensión”. Es una temporada en la que me encontraba muy contenta, en la que iba creciendo día a día el enamoramiento de mi bebé al mismo tiempo que se multiplicaba el amor por mi pareja, pero de la que recuerdo además sentirme en tensión y preocupada por que todo estuviese bien en cada momento, especialmente mi hija. Supongo que se debía al repentino y abrumador peso de la responsabilidad, que te hace mantener rígidos todos los músculos del cuerpo durante las 24 horas del día, unida a la segregación constante de hormonas que te hacen ver amor por todos los rincones del universo. Para quien no haya experimentado la maternidad sólo se me ocurre explicarle que es algo así como cuando en un momento cualquiera del día te viene a la cabeza la imagen de un buen recuerdo y de forma repentina aparece una sonrisilla en tu cara que te hace parecer simplona ante las miradas ajenas.

Durante un tiempo pensé que este estado, que a partir de ahora podría denominar “felicidad simplona” desaparecería poco a poco. Creía que era normal que cuando algo nuevo, que nos hace vibrar de emoción, va entrando poco a poco a formar parte de la rutina diaria, desaparecería esa sensación, sin embargo no ha sido así. Ya son casi dos años los que llevo con las endorfinas por las nubes. Por supuesto que tengo bajones, días malos y dificultades cotidianas. Sin embargo, la sonrisa simplona aparece en cualquier circunstancia. Es como si tu rutina diaria avanza y de repente asoma en tu cabeza una imagen y sin poder evitarlo, la imaginación va por libre, y sonríes, en el coche, en la cama, en la calle rodeada de gente, en una conversación aburrida, en mitad de una discusión, preparando un café o en cualquier otro instante y recuerdas “soy la mamá de Teresa”. Son chutes constantes de la hormona de la felicidad.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Primer pipí en el váter

Hoy ha sido el primer pipí en el váter para Teresa. Se hace mayor. Ya desde este verano era consciente de sus esfínteres, aunque lo anunciaba una vez que ya lo había hecho. Tanto para los pipís como para las cacas hay anuncio e incluso pide ir al servicio y que la sentemos en el váter, pero hasta el momento sin que le quitemos la ropa ni el pañal, simplemente como un juego de imitación, y por supuesto cuando ya nada se podía hacer. Hasta ahora esta rutina la llevaba a cabo por imitación a nosotros, tanto que en muchas ocasiones ni siquiera pide sentarse, sino que lo hace de pie, como papá.

Pero hoy la cosa ha sido distinta. Después de tomarse el biberón por la mañana me ha dicho “teno pipí” y yo, tranquilamente y distraída le he contestado: “Bueno, ahora te cambio”. Pero ella ha vuelto a insistir y la he llevado hasta el váter, en principio sin intención de quitarle el pijama y el pañal, pero vamos, que se ha puesto cabezona. La sorpresa ha llegado cuando una vez sentada he escuchado como salía el pipí y ella toda emocionada decía “como máma, como mamá” y le ha entrado risa floja.

Estoy segura de que, con la emoción que lo ha vivido, este momento se volverá a repetir continuamente a partir de ahora, aunque a todos nos suponga un poco de más esfuerzo, teniendo en cuenta la cantidad de ropa que lleva en invierno. Hasta la fecha estaba yo muy tranquila pensando que el mejor momento para dejar atrás el pañal sería el próximo verano, pero se ve que los ritmos de su desarrollo no los marcamos nosotros.

martes, 30 de noviembre de 2010

22 meses juntas


Teresa ya ha cumplido 22 meses. En realidad es poco tiempo y sin embargo parece que llevo toda la vida con ella. Aunque quiera quedarme con todos los detalles de su vida las cosas se olvidan y ahora casi me cuesta acordarme de cómo era cuando no hablaba porque, la verdad, ahora sus conversaciones lo llenan todo. Creo que le es imposible estar callada y a duras penas lo consigue cuando duerme porque también hay momentos en los que habla en sueños.

Su idioma parece estar hecho a mi medida. Entiendo perfectamente todo lo que dice e incluso en ocasiones ante determinadas situaciones intuyo el discurso que vendrá después. Para mí es lo más sencillo del universo y por eso me cuesta creer que haya ocasiones en las que alguien no la entiende, sin embargo no me enfado como ella, que repite y repite lo que quiere decir y va subiendo el tono sintiéndose incomprendida. A veces intervengo y aclaro. En algunas ocasiones durante el fin de semana, cuando yo aprovecho para levantarme más tarde, la escucho contándole alguna cosa a papá una y otra vez mientras él pregunta y pregunta para solucionar el misterio de la frase incomprendida. En ese momento decido que total, no voy a poder coger el sueño y que no hay nada como mediar en un dialogo en que se plantean dudas.

Otras veces, como he dicho, nuestras mentes se conectan y le pido a sus interlocutores que no le recuerden a Bambi, ni siquiera cuando aparezca un cervatillo en la televisión. De lo contrario comenzará un interrogatorio sin fin que se resume básicamente en “¿por qué, por qué homes malos pean tio a mamá?, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué pean tio?. Llegados a este punto, y si alguien no ha hecho caso de mis advertencias tengo que actuar rápidamente y recordarle a Teresa que la mamá de Bambi se curó finalmente y ahora está abrazada a su retoño, la abrazo y le digo “como nosotras”. Porque sí, porque yo ya sospechaba que había que cambiar algunos finales de cuentos antes de que alguien se lo contase de modo literal.

martes, 5 de octubre de 2010

"Pos va a ser que no"

Adiós a los miedos. Esta mañana se han disipado de un plumazo. Después de un madrugón de mil demonios para hacer el viaje y acudir a la entrevista para el nuevo posible trabajo las dudas se han despejado en poco menos que veinte minutos de conversación. Eso sí, me rocogió a mi llegada un coche oficial que pagamos todos.

Nada más sentarme frente a la persona que me iba a entrevistar he percibido esa sensación de falta de interés por su parte y una prueba de ello es que después del saludo de rigor atendió una llamada telefónica e hizo otra. Puede que fuese muy importante, que creo que no era el caso, pero aun así me ha parecido una falta de respeto. Mi currículum no lo tenía sobre la mesa y tengo la sensación, por las preguntas que me ha hecho sobre mi trayectoria profesional, de que ni siquiera lo había leído. Mal empezamos, pensé y creo que me he ido poniendo tensa y un tanto a la defensiva, la verdad. Pero lo que verdaderamente me ha puesto casi de uñas (me he contenido) ha sido un tufillo de superioridad que me repele y que suelo percibir entre los compañeros de profesión que desarrollan su trabajo en la capital con respecto a los de provincias (entre los que estoy yo).

La cosa ha ido de mal en peor y el punto álgido ha llegado cuando me ha preguntado si leo la prensa. Pero por amor de Dios ¿de dónde han sacado a este energúmeno?

Para acabarlo de arreglar me pide que le explique cómo creo que se desarrolla una nota de prensa en ese trabajo en concreto y aquí ya casi me levanto, lo juro, pero sólo he acertado a contestarle que, a mi modo paleto de entender las cosas, la técnica para escribir una noticia es igual en La Moncloa, por poner un ejemplo, que en el Ayuntamiento de Pinarejos, por poner otro.

En fin que se puede decir que ha sido todo un fracaso y que ya me puedo olvidar de plantearme cambios (con tanto miedo que me daban), por el momento.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Miedo a los cambios

Tengo el blog completamente abandonado, no tengo tiempo para leer los blogs que sigo y soy consciente de que me estoy perdiendo muchas cosas pero ya intentaré ponerme al día.

Hoy quiero comentar que mi hermano ya ha salido del hospital. Ahora comienza una nueva etapa que no será fácil, pero que afrontamos con mucho ánimo. Por otra parte, como se suele decir, el destino es caprichoso y cuando parece que todo empiezas a tenerlo bajo control, ocurre algo para que tu pequeño mundo se ponga del revés.

Me han hecho una propuesta profesional muy interesante, de esas que casi sería vergonzoso no aprovechar. El problema es que esto supondría un cambio de residencia con todo lo que esto conlleva. Lo que más me preocupa es Teresa, cómo se podría adaptar a los cambios teniendo en cuenta que ella ahora mismo está rodeada de familia todo el día y en ese caso sólo estaríamos las dos. Sin duda tendría más tiempo para pasar con ella pero de todos modos no sería sencillo llevar una vida al estilo madre soltera en ciudad desconocida y sin ayuda cercana. En poco tiempo debería buscar un piso, una cuidadora y actividades diurnas para Teresa y sobre todo centrarme en un nuevo trabajo con nuevos compañeros y adaptarme a todo esto sin perder la cabeza.

No es nada seguro porque tengo que pasar una entrevista, aunque reconozco que hay una persona que me respalda.

A pesar de que el trabajo es apasionante, supone ventajas económicas y profesionales y para mí sería un gran salto además de que podría permitir a medio plazo que papá pidiese traslado a la misma ciudad, el miedo a los cambios hace que haya llegado a pensar incluso que ojala no pase la entrevista y no me lo tenga que plantear.

martes, 10 de agosto de 2010

Una época mágica


Cada día de este verano Teresa nos sorprende con nuevos avances y es que estamos viviendo una época mágica en el desarrollo de un niño. Ella es la auténtica protagonista y nosotros los privilegiados espectadores en primera fila.

Ayer por primera vez fue consciente de lo que es la vergüenza. Mientras miraba hipnotizada a un bebé que jugaba con sus padres sentados en una plaza junto a nosotros quiso acercarse para tocarla pero, por supuesto, quería que yo la acompañara. Una vez allí le tocó las manos, compartió risas y cuando su padre le preguntó por la edad le dio una risilla nerviosa y escondió su cabeza en mi pecho. Le pregunté que si le daba vergüenza y entendió enseguida que estaba etiquetando ese sentimiento que había experimentado. Desde entonces a cada pregunta volvía a esconder su cabeza y repetía riendo “vergüenza”, bueno, en su lengua.

Ya hace unos días que cuando estamos en una plaza o un parque ella misma se sorprende alejándose un poquito más de mí. Creo que le gusta sentirse independiente y hay veces que se arma de valor para avanzar bastante hasta volver la cabeza y regresar corriendo hacia mí. Es como si poco a poco este círculo tan estrechito nuestro, que nos mantenía muy unidas, como en un pequeño conjunto cerrado, poco a poco se fuese haciendo más grande. Me da pena pensar que llegará un día en el que ni siquiera girará su cabeza para ver donde está mamá.

En las relaciones con otros niños también ha cambiado. Siempre le ha gustado relacionarse, pero el otro día fue a jugar con el grupo de niños de unos amigos, todos algo mayores que ella, y estuvo mucho rato sentada con ellos en el suelo compartiendo juguetes. Iba y volvía sin pedirme que la acompañara y en todo el rato que compartieron juguetes no hubo ni un solo conflicto, algo raro.

Otra cosa que también me llama la atención es que se preocupa mucho por lo que pasa a su alrededor, especialmente a los niños. Si escucha algún llanto enseguida me pregunta “¿qué pasa?” o “¿Qué pasa a bebé?” y a veces hasta ella misma busca alguna respuesta como “quere agua” o “a coja mamá”. Esto me hace dudar entre si tiene una gran empatía o simplemente es una cotilla.

martes, 27 de julio de 2010

18 meses

Soy una madre horrible. Llevo muchos días pensando que Teresa estaba a punto de cumplir 17 meses cuando de repente me he dado cuenta de que en realidad el domingo pasado lo que cumplió fueron 18 meses. Mi error lo llevo arrastrando desde hace tiempo y no he dudado en prodigarlo por ahí ante las preguntas de otras madres en el parque. ¿Qué me está pasando? Y todo esto teniendo en cuenta que mi hija es el centro de mi vida, de no ser así, con la cabeza que tengo, en cualquier momento me retirarían su custodia los Servicios Sociales.
En mi entrada de hoy pensaba hacer un repaso de los avances que voy percibiendo en su desarrollo pero ya casi ni me fío de mi capacidad de observación. Aun así me arriesgaré.
Lo más destacado es el desarrollo del lenguaje. Habla mucho, por los codos, diría yo. Conoce muchas palabras y las sabe emplear correctamente. Pregunta por cada cosa que ve "¿eco qué es?" y hemos optado por darle las explicaciones oportunas aunque sean complicadas, creo que será lo mejor aunque no pueda repetir el nombre.
Sabe responder por su nombre y su edad. Me parece un avance muy importante y del que me di cuenta mientras jugaba con otros niños en el parque y comentaban las edades. Me refiero a que no respondió acertadamente ante una pregunta reiterada.
Imita sobre todo las conversaciones y entonaciones. Uno de sus juegos preferidos es coger el móvil y pasarse buenos ratos paseando y hablando. A veces incluso hace como que pone el manos libres, suelta el móvil en el suelo y pregunta "¿oye?". Esto lo ha copiado de su padre, sin duda, porque siempre suele hablar con el mismo interlocutor "Paco".
En la calle casi no quiere ir el su cochecito, prefiere ir "ananno", pero como te descuides pide "acojo" y te monta un numerito.
Ha desarrollado el sentido de la posesión y todo "e mío". Ahora se enfada incluso como se encuentre con otros niños en el tobogán y de tan cabezota como es casi prefiere no subir y lloriquea. Para intentar que cambie de opinión tengo que estar constantemente halagando las hazañas de los otros, aplaudiendo y mostrándole lo divertido que es. Ha aprendido a pegar. Por ahora no lo hace mucho pero ha habido ocasiones en las que le he pillado soltando una patada o un manotazo como algún niño toque algo suyo después de advertirle con un grito "¡ché, e mío!"
Intenta hacerlo todo sola y se enfada a menudo como no se lo permitas. Tiene un carácter muy fuerte y siempre intenta salirse con la suya. A veces resulta agotador estar negociando todo el día teniendo en cuenta lo pequeña que es.
El juego imaginativo le encanta y creo que acompañado de esto empiezan a aparecer los miedos que hasta ahora creo que nunca había experimentado, al menos que yo supiese interpretar. Le gusta jugar a hacer la compra, con un carro imaginario. Mientras yo le propongo que busque distintos artículos como fruta, yogures, pañales, toallitas, galletas, etc, ella recorre distintos puntos de la habitación recogiendo los supuestos productos cada uno en un lugar distinto y colocándolos en el inexistente carro. En cuanto a los miedos, el otro día cerró con fuerza la puerta del salón y vino hacia mí gritando "¡e mene, e mene!". Le pregunté quién venía y me contestó "el gato".
Siempre comunica cuando se ha hecho caca. Por imitación también pide ir al baño y hay que sentarla un segundo, no más, aunque por supuesto ni siquiera le quitamos el pañal porque no entiende para lo que sirve sentarse allí, simplemente repite lo que ve.
Contra todo pronóstico es muy coqueta. No soy una persona que use bolso habiatualmente, ni me gusta maquillarme a diario. Sin embargo Teresa se cuelga todo lo que tenga asas y cada día sale a la calle con una bolsa de plástico colocada con tanto estilo en el brazo que parece que lleva un louis vuitton. Allí mete su chupete.

lunes, 5 de julio de 2010

Lluvia de temas


Después de un periodo de abandono total por cuestiones de estudio que me han robado todo el tiempo del mundo vuelvo ahora a disfrutar del blog y tengo muchos temas pendientes, así que lo primero que voy a hacer es mostrar un batiburrillo de cosas porque las neuronas las tengo agotadas y seguro que si lo dejo para próximos post se me olvidan.


En primer lugar una preocupación. Mi hija no entiende cuándo le regaño. Nada de nada, se lo toma como un juego, me desafía y quiere seguir haciendo lo que le prohíbo pero además muerta de la risa. El caso más preocupante hasta ahora es el de los enchufes. A pesar de que los que están a su alcance se encuentran protegidos no quiero que los toque libremente y le advierto que no debe hacerlo sobre todo teniendo en cuenta que en algún sitio fuera de casa puede que le de por hacer lo mismo. No he conseguido ni una sola vez que entienda la reprimenda, lo único que he podido hacer es cambiarla de lugar y distraerla con otra cosa para que se olvide de “ese juego tan divertido en el que mamá dice no, y ella vuelve a repetir su acción a carcajada limpia”. He llegado a usar miradas desafiantes que ella me mantiene de forma curiosa interpretando de nuevo como un juego. Supongo que esto se repetirá con cada cosa que le indique que no debe hacer. ¡Ayuda!


Otra cuestión que no quiero olvidar hoy es su extraordinaria evolución en el lenguaje. Mantiene una conversación duradera en la que comprende perfectamente lo que se le está diciendo e incluso responde usando varias palabras. Pregunta constantemente “eco qué es” señalando todo lo que le despierta la curiosidad e intento enseñarlo no sólo el nombre sino la utilidad del artículo. Pregunta por todos los miembros de la familia que no ve y pide incluso que le ponga videos del teléfono móvil indicando claramente a quién quiere ver en cada momento. De sus dvd´s pide en cada momento el que desea ver y sólo ese, lo tiene muy claro. Un ejemplo de ello son los Cantajuegos. Teresa pide unas veces la canción del “taarín” (tallarín), o bien dice “ete no, Juan, Juan”. Sabe el orden de los temas y algunas veces se anticipa y puedo asegurar que no la tengo sentada delante de la tele todo el día, que nadie avise a los servicios sociales. Eso sí, la dueña del mando es ella.


En el tema independencia ya estamos en otro nivel. Esta etapa debe ser de autoafirmación porque quiere hacerlo todo sola. Esto le genera algunas frustraciones que en ocasiones terminan en pataletas. Como es normal, no sabe ponerse los zapatos pero puede intentarlo durante un cuarto de hora. Tampoco puede arrastrar un carro de la compra cargado de productos y termina tirada en el suelo en el supermercado. No puede bajar las escaleras pero aquí finalmente, debe intuir el peligro, me pide la mano.

Hemos pasado del lavabo a la ducha y le encanta. Aunque en un principio le daba miedo su padre lo intentó con tanto acierto que al terminar le comentó que al día siguiente volvería al lavabo y ella se negó en rotundo. Esto debe ser el aprendizaje por oposición, jeje.


De sus amados dos chupetes hemos suprimido uno. Había cogido la costumbre de aplastar uno de ellos contra los ojos cuando tenía sueño a pesar de las indicaciones para que no lo hiciera. Una manía que llegó a irritarlos así que directamente lo quité, cuando se dio cuenta preguntó “mama, o tá el oto?” (dónde está el otro) y le contesté que lo había guardado porque se lo metía en el ojo. Su respuesta: “Vale” y nunca más se supo del segundo chupete.