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martes, 11 de noviembre de 2014

Detalles de personalidad (I)

Por las mañanas se despierta de buen humor, y a veces incluso con muchas ganas de hablar, de cualquier cosa. El carácter le puede cambiar radicalmente si la ropa que he preparado no le gusta. No quiere abrigarse y siempre, siempre, siempre preferirá vestido antes que pantalón.
Le gusta bailar y se inventa todo tipo de coreografías, pero no lo hace para ella, quiere que la mire todo el rato, sin perder detalle. También le gusta la música, aunque siempre es reacia a escuchar algo nuevo y nunca, bajo ningún concepto, permite que yo cante. Como no le hago caso en mi casa las canciones suelen terminar en enfado.
Es familiar, le gusta estar con los abuelos y los primos y los echa de menos cuando no los puede ver. Le interesan las cosas del pasado que ella no ha vivido y cómo era nuestra vida de pequeños.
Es mimosa y le gustan las caricias. Al mínimo descuido está pidiendo que le acaricies la espalda. No tiene cosquillas en los pies. Es de risa fácil y le encanta gastar bromas. Hay momentos en los que algún comentario absurdo le hace reír tanto que le cuesta respirar y te pide que pares.


No tiene ningún reparo en decir te quiero pero cuando más los regala es en los momentos en los que se recuesta a mi lado o cuando se va a dormir. Entonces sus te quiero van acompañados de abrazos, besos y comparaciones infinitas (hasta la luna y más, todas las estrellas y los planetas y vuelta…), y te aprieta tanto que de verdad sientes que te adora más que a nada en este mundo.

viernes, 25 de enero de 2013

Cuatro años

El día veinticinco de enero de hace cuatro años a esta hora todavía no había nacido Teresa y yo, aunque creía estar preparada, ni siquiera imaginaba el cambio que iba a experimentar. Había leído mucho, había escuchado todo tipo de consejos, pregunté a todo el mundo que pudiera contarme sus experiencias, y sin embargo me doy cuenta que todo esto no sirvió para explicar la transformación que, un cuerpecito pequeño y unos ojos tan abiertos mirándome fijamente, iban a provocar en mí. Y la transformación fue creciendo con el paso de los días, a medida que nos conocíamos y nos adaptábamos la una a la otra. Mis necesidades, mis prioridades, mis deseos y mis esperanzas han pasado de ser las mías propias a ser las de Teresa sin darme cuenta y sin hacer esfuerzo alguno. No creo que haya en este mundo algo más parecido a la magia.

Han pasado cuatro años en un suspiro. Hoy se ha despertado antes de lo habitual, enseñándome cuatro deditos en una mano y diciendo que hoy es un día especial. Y es tan especial que estoy emocionada y con la lágrima fácil, pensando en cómo podría yo agradecer al universo que me haya dado la oportunidad de ser su mamá y compartir con ella la vida.

¡Feliz cumpleaños Teresa! 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Descubriendo nuevos miedos



Teresa está enfrentándose a nuevos miedos en esta etapa de desarrollo. Crece tan rápido que a veces nos cuesta encontrar respuestas para las preguntas que plantea y más ahora que sus cuestiones tienen que ver con temas existenciales. ¡Ojala tuviese la contestación adecuada!
Ha descubierto que las personas mueren y que cuando esto ocurre no las vuelves a ver más. Hasta ahora no ha vivido experiencias cercanas o familiares y no estoy muy segura de que sea consciente realmente de lo que supone pero si es cierto que relaciona la muerte con la vejez y que es muy normal que pregunte por el tema casi a diario. También dice que las personas que se mueren están en el cielo y de este modo surgió una de las conversaciones más surrealistas que hemos tenido últimamente.
Volviendo de viaje en el coche después de una visita a los abuelos me preguntó:
-¿Mamá, los muertos que están en el cielo hacen pipí?
Imagino que estaría pensando si se podría mojar cada vez que alguien de ahí arriba tuviese esta necesidad así que le contesté que sí pero que seguramente también en el cielo habría servicios.
Después de un rato en silencio volvió con el tema.
- ¿Y qué comen?
Del mismo modo, intenté normalizar al máximo el asunto y le dije que supongo que comerán de todo.
- Mamá, el abuelo que es el más viejo se va a morir el primero.
Vaya tela, con la niña. Le comenté que el abuelo no es tan mayor y que como ella es muy pequeña le parece viejo, pero no lo es.
- Yo no quiero que se muera. ¿Cuándo van a vender las pastillas para que no se muera la gente?
Me doy cuenta que este tema lo ha sacado con más familiares y alguien le habrá hablado de una pastilla milagrosa. Creo que por el momento puede ser la mejor opción para tranquilizarla así que no me quedó otra que contestarle que muy pronto.
Como ya he dicho este tema suele salir a menudo últimamente. En otra ocasión, el abuelo venía de dar el pésame a un amigo por la muerte de un familiar y me preguntó:
-¿Qué es dar el pésame, mamá?
- Pues es decirle a la familia de la persona que se ha muerto que lo siente mucho, le dije.
Su interpretación me dejó atónita
- Pero, ¿es que la ha matado el abuelo?

viernes, 17 de febrero de 2012

Teresa y los cambios



Resulta un tanto extraño el modo en que Teresa asimila los cambios en su vida, al menos a mí no deja de sorprenderme cómo para las cosas que yo creo supondrán un paso importante reacciona con absoluta normalidad y sin embargo algunas pequeñas modificaciones en su rutina pueden suponer un mundo.

El cambio de ciudad lo asimiló con alegría y entusiasmo, como una oportunidad de seguir descubriendo el mundo y con mucha confianza. Ya he comentado alguna vez que Teresa se siente muy segura y nada le extraña siempre que papá y yo estemos a su lado. Así fue también como se adaptó, para nuestra sorpresa a la guardería, a la que asiste de 9.30 a 13.30 cada día con muchísima ilusión y de la que vuelve contándome con todo detalle hasta las conversaciones que mantienen las cuidadoras. Conoce por su nombre no sólo a su seño y sus compañeros, sino a todas las seños y a numerosos niños de otras clases, a los cocineros, las limpiadoras y hasta los abuelos de algunos de los pequeños que acuden a recogerlos. Al principio le bastó creer que yo estaba las cuatro horas en la puerta de la guardería para sentirse tranquila aunque ahora empieza a sentir serias dudas de que esto sea así y me acosa a preguntas. (Tengo que tener mucho cuidado en llevar las mismas cosas a la hora de recogerla que en el momento en que la llevé, tipo paraguas).

Con esta actitud Teresa pone en evidencia que yo soy la única a la que le ha costado un poco el cambio y que, a pesar de esta feliz y segura porque estemos los tres juntos, echo de menos mi ciudad, la familia, los amigos y podría decir que hasta el trabajo, porque en estos tiempos que corren creo que me costará mucho encontrar otro.

En cambio Teresa para otros temas es muy suya, yo diría que hasta un poco maniática. Por ejemplo si ve por primera vez algún tipo de objeto que esté colocado en un determinado lugar y de cierta manera, eso es el evangelio y que nadie ose a cambiarlo de forma o de lugar que te mira amenazante y ofendida diciendo “¿esto que hace aquí?”. Lo mismo ocurre con los juegos o con las historias que le cuento, si la primera vez lo hemos hecho de una forma, para ella eso parece que sienta cátedra y será así de por vida.

jueves, 25 de agosto de 2011

Contigo, al fin del mundo


En un viaje en coche este verano, al llegar al destino, mientras papá y yo hablábamos de otras cosas Teresa preguntó: “Mamá, ¿has taio pintauñas?”. En momentos como ese, cuando llevas horas conduciendo y tu cerebro no es capaz de procesar nada que no sea mandar un mensaje a la mano para que abra la puerta del coche y otra a las piernas para que salgan del habitáculo a toda pastilla, piensas “pero ¿qué clase de hija estamos criando?”. 
Como prueba de agradecimiento al universo porque estamos en nuestro destino sin habernos aniquilado unos a otros en el trayecto por tanto estrés le respondo: “Si, hija, lo he traído”. Continuamos buscando donde definitivamente hay que dejar el coche y recuperar las extremidades inferiores de nuestro cuerpo cuando Teresa vuelve a preguntar. “¿El lojo, mamá?”. “Sí, el rojo, Teresa”. Pero aún hay más. Entre las indicaciones a la izquierda o la derecha que me va dando papá, Teresa insiste y reclama mi atención una vez más: “Mamá, qué pijama he taído”. Hay cosas que me cuesta entender, sin embargo ya he asumido que en algunos temas Teresa y yo somos muy distintas.

Me da ternura pensar que cuando sus padres la montan en un coche y la tienen durante horas viajando a un destino totalmente desconocido para ella, en el que no sabe qué se va a encontrar ni cómo estará, su máxima preocupación sean sus uñas y el atuendo nocturno que lucirá. Es como decir, con vosotros iría al fin del mundo, eso sí, con mis uñas pintadas de rojo y mi pijama con bolsillos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Una nueva etapa


Hace tiempo que quiero hablar sobre una decisión que he tomado y que cambiará mi vida y la de mi familia, sin embargo he ido retrasando este asunto como si de esta forma fuese alejando también el momento en que finalmente el cambio se va a producir.
Después de mucho meditarlo he tomado la decisión de dejar mi trabajo. Lo hago para que finalmente vivamos los siete días a la semana los tres juntos; Teresa, papá y yo, cosa que hasta ahora no ha sido así. Durante un tiempo pensamos que quizá habría algún modo de poder ir acercando y conciliando nuestras distintas profesiones, sin necesidad de que ninguno de los dos renunciase a su trabajo, pero hay cuestiones que es mejor que no las solucione el tiempo, sino que requieren de nuestra actuación. Aunque me gusta mi trabajo no lo dejo con pesar, es más, no tengo ninguna duda de que estoy haciendo lo mejor. Además el tiempo que transcurra hasta que encuentre otro trabajo pienso disfrutar al máximo del día a día con Teresa, que este año todavía no se incorporará al colegio, por lo tanto también he decidido tomarme con calma y sin estrés esa tarea de búsqueda.
El próximo miércoles termina una etapa y comienza una nueva aventura para nosotras, con traslado de ciudad incluido. A pesar de que los cambios siempre me provocan incertidumbre, afronto este con mucha ilusión y seguridad, aunque para qué negarlo también con cierta nostalgia. Pero ¿acaso la vida no consiste en eso, en tomar decisiones, mirar con nostalgia el pasado y el futuro con optimismo?

viernes, 29 de julio de 2011

Ofiacialmente de vacaciones


No tengo tiempo para mucho más pero quería al menos despedirme.
¡Estoy de vacaciones! Llega el momento de disfrutar plenamente de Teresa y seguir descubriendo el mundo juntas. 
Estoy segura de que estos días sin separarnos ni un momento nos van a venir genial a todos.
Besos a todos.

lunes, 25 de julio de 2011

Dos años y medio


Hoy celebramos los dos años y medio de Teresa. Me refiero a que lo celebramos porque estamos muy contentos y es una fecha importante, no es que hayamos preparado una fiesta. Hoy me he puesto a recordar cómo era Teresa hace un año y es asombroso todo lo que ha cambiado. Es una niña más que un bebé. El cambio más importante últimamente es que le encanta jugar con otros niños e intenta manejar la situación, convencer a sus amigos para que jueguen a lo que ella quiere, sobre todo hacer carreras. Ya no me necesita tanto en sus juegos, aunque es cierto que a los niños les encanta que los mayores decidan jugar con ellos y corro gustosa detrás de todo el grupo. Otro de sus juegos predilectos es hacer de camarera, preguntar a todo el mundo qué desea y preparar platos en una cocina imaginaria o incluso comprar los ingredientes en el supermercado imaginario, y si puede hacerlo corriendo de un lado para otro, mejor. Otras veces sustituye las carreras por los saltos. Es como si necesitase quemar energía acumulada, algo que siempre he pensado de los niños.
En el agua es toda una acróbata, ya no quiere que le de la mano para saltar a la piscina y ha aprendido a hacerlo sola. Coloca los pies justo al borde de la piscina y salta con fuerza bien lejos. Es un espectáculo porque le gusta mucho meter la cabeza debajo del agua y levantar las piernas, dice que hace el pino. Se maneja perfectamente en el agua con sus manguitos y llega a la dirección que quiere rápidamente. Además ahora ha aprendido a salir de la piscina por el bordillo, sin ayuda. Termina los días agotada.
Hace tiempo que no toma biberón por las mañanas, decidió un buen día tomar su leche en la taza de Caperucita Roja, pero papá le compró otra de Mickey Mouse más grande, así que sigue tomando la misma cantidad. Lo que no hemos conseguido todavía es que tome la fruta a trozos o un filete. Es misión imposible, por ahora.
Le gusta mucho la música y bailar. Es normal escucharla canturrear a cualquier hora mientras hace cualquier cosa. Canta canciones que conoce o que ella misma se inventa. Por las noches, aunque pide ir a su habitación a para que le lea un cuento y luego dormir, tarde o temprano me llama para venir a mi cama, algunos días está tan agotada que cuando me llama ya ha amanecido. Cuando viene a mi cama extiende sus brazos y nos toca el pelo a los dos al mismo tiempo hasta que vuelve a dormirse.
Es consciente de sus avances y logros, tanto que ya se me mayor. Todo el tiempo está hablando de lo grande que es y de que puede hacer esto o lo otro porque “ya soy mayor”. Tiene mucha prisa por crecer, mientras su padre y yo intentamos parar el tiempo para disfrutar de cada momento con ella y le decimos: “Teresa, no crezcan tan deprisa, por favor”.

lunes, 18 de julio de 2011

La playa y la historia del bikini



El fin de semana hemos estado en la playa. Como a Teresa ya le habíamos anunciado los planes desde que terminé de trabajar el viernes no paró de dar saltos detrás de mí por toda la casa diciendo “vamos ya”. Con lo nerviosa que estaba mientras yo preparaba las últimas cosas para irnos ya me imaginaba cómo iba a ser el viaje. Casi desde que montamos en el coche empezó a preguntar si ya estábamos en el destino. Aunque no se calló en ningún momento afortunadamente la cosa no fue a mayores. Cuando llegamos a la casa no podía parar de jugar con los primos y correr, estaba encantada y se durmió tarde.
Por la mañana en la playa no había quien la sacara del agua, y eso que estaba congelada. Eso sí, sacó en alguna ocasión su carácter y agasajó con su palabra preferida últimamente a algunas personas que se acercaron a saludarnos y que ella no conocía, me refiero al último hit “tonta” y que a mí me suelta cada vez que le digo algo contrario a lo que ella desea. Esto fue precisamente lo que ocurrió cuando se dio cuenta de que le estaba haciendo alguna foto por lo que tuve que terminar la sesión antes de que montara en cólera. Nos encontramos en un momento difícil porque se enfada mucho cada vez que no consigue lo que quiere y hay cosas en las que cedo porque no me parecen importantes y porque no quiero parecer la señorita Rotenmeyer y otras cosas en las que no cedo y en estos momentos no conseguimos contentarla ni dándole mil explicaciones, ni intentando que se olvide del asunto, ni de ninguna otra manera. Me parece muy pequeña para el grado de negociación que mantenemos durante todo el día, hay veces que es agotador. Un ejemplo de esto, aunque pueda parecer frívolo, es la ropa y los zapatos. Quienes sois habituales de este blog ya sabéis la pasión que tiene Teresa por los zapatos, y que no sé de quien ha sacado, puedo asegurar que no soy su ejemplo. Pues casi todos los días hay que discutir con ella para vestirla. En la playa su prima ha tenido que dejarle la parte de arriba de su bikini porque no paró de quejarse y llorar o ir detrás de ella por todos lados hasta que finalmente, cuando llegamos a la piscina accedió. La cara de felicidad era un poema, pero a mí no me gustan las niñas, y menos un bebé de dos años, con la parte de arriba de un bikini. Creo que la problemática ropa y complementos no ha hecho más que empezar con Teresa y, sin lugar a dudas, demasiado pronto.
Por otro lado, en el agua es como un pez. A principios de verano no quería usar los manguitos, tardamos en convencerla para que se los pusiese, pero en cuanto lo hizo se dio cuenta de la libertad que le daban y empezó a disfrutar del agua. En la piscina va suelta para la dirección que quiere y se moja la cabeza continuamente y dice que está buceando. Más que miedo al agua le tenía miedo a los manguitos, ahora no quiere que nadie la sujete, eso sí, todo el rato está pidiendo que la miremos para demostrarnos lo que hace.
Y así ha sido nuestro fin de semana, ya queda menos para las vacaciones.

martes, 5 de julio de 2011

El verdadero descubrimiento de los juguetes


Cuantos trastos me habría yo ahorrado en casa si volviese atrás en el tiempo. Desde que nació Teresa he ido perdiendo espacios y acostumbrándome a convivir con trastos por cualquier parte de la casa. Les he buscado rincones, rincones en el salón para aquellos que más uso tenían, incluida la cocinita. Hasta ahora todo tenía medianamente un orden, había ratos que los juguetes parecían una alfombra pero en poco tiempo se terminaba el juego y vuelta a su sitio. Pero qué de cosas cambiaría si hubiese sido consciente de que es ahora cuando realmente disfruta de los juguetes. Y eso que yo he sido de las que he pedido a todo el mundo que no regalase por regalar, que no hay que llevar siempre alguna cosa a la niña, que los regalos son para ocasiones especiales y todas esas cosas que te hacen quedar como la mala delante de la gente, mientras el padre sonríe, recibe con agrado los obsequios y se presenta como el simpático de la pareja. Debe ser que no impongo ningún respeto porque nadie, absolutamente nadie, ni familia, ni amigos, me han hecho caso. Así me ha ido, que para no tener que mudarme he llenado ya, en diversas ocasiones y aprovechando la ausencia de Teresa y su papá, bolsas de basura tamaño comunidad con utensilios de juego que yo misma voy discriminando. Ha habido veces que me he pasado, lo noto cuando los echan en falta. “Ya aparecerá”, suelo decir, consciente de que anda muy lejos.

Sin embargo creo que a partir de ahora el tema va a estar más complicado. Teresa busca y rebusca por todos sitios donde sabe que hay juguetes y va sacando una cosa u otra, se sorprende con objetos que tenía olvidados, los utiliza, juega, se pasa ratos largos entretenida, pregunta por juegos concretos que recuerda perfectamente y los reclama o te dice “no lo busco, mamá”, en lugar de no lo encuentro. El orden en las cosas dura milésimas de segundo, justo el tiempo que termino de colocarlas, inmediatamente después llegan unas manitas para revolverlo todo y decir “eto me sirve”. Las sartenes y ollas de su cocinita llenan mi lavavajillas, su reno, tamaño bulldog se sienta en mi sofá, si Teresa viene por la noche a mi cama la acompañan Pinkinico y las tres mellizas, los cuentos están relegando a mis libros en las estanterías, y sus instrumentos musicales, llámese trompeta o tambor, suenan a cualquier hora. Recientemente también ha redescubierto una colchoneta. Dice que es un castillo hinchable y no para de saltar como una loca. También la utiliza para hacer “ninnasia” y levanta las piernas mientras está tumbada en ella, por supuesto en mitad del salón.

A la hora de salir a la calle, siempre va con su cochecito y cada día dice que le toca pasear a alguno de sus muñecos, últimamente es Upsy Daisy la más afortunada, menuda racha lleva. No nos podemos olvidar de su bolso donde guarda alguno de sus móviles y unas llaves de plástico. Además ahora muchas veces nos acompaña un gato, este no sé de dónde ha salido, pero le encanta jugar a tirarlo para arriba y que yo lo coja, se llama minifú.

Ayer vio a una niña con una moto de plástico de dos ruedas en la que se desplazaba empujándose con los pies y rápidamente pidió una igual. Yo ya sabía que le iba a gustar porque hace tiempo en un hipermercado fui yo la que la incitó a probar una y le encantó. Ha llegado el momento peligroso en que quiere todo lo que ve.

Y así estamos, intentando mantener un equilibrio entre lo que supone disfrutar tremendamente de los juguetes y conservar un orden mínimo para que no piensen que tenemos el síndrome de Diógenes.

viernes, 1 de julio de 2011

Lo bueno del verano

¡Comienzan las vacaciones de verano! Por lo menos para el papá de Teresa, que disfrutará de dos meses intensos de actividades con ella, que vive en vacaciones permanentes. Aunque para Teresa también ha habido un cambio importante y es que ha incorporado los baños en la piscina a su rutina diaria y le encanta, mucho más si es en la compañía de los primos que hacen que cualquier juego se convierta en una fuente inagotable de enseñanzas que ella intenta imitar por todos los medios, aunque en muchas ocasiones no sean las lecciones más adecuadas y sean éstas precisamente las que capta al vuelo.

Rompiendo totalmente con la rutina ayer celebramos una barbacoa por la noche en casa de mi hermana y como el calor era sofocante, Teresa vivió con emoción su primer baño nocturno en la piscina. Casi no la podemos sacar del agua, sólo se animó a salir cuando vio las chanclas de su prima y se fue directa a por ellas. Hoy cuando he llegado del trabajo la he encontrado con unas chanclas rojas, se las ha comprado el abuelo.

Para mí siguen las jornadas de trabajo y aún veo lejanas las vacaciones. Sin embargo en verano relajamos las normas para todos, y se hace más ameno el día a día porque ahora cada tarde salimos a pasear y a tomarnos algo al aire libre. Espero que cuando termine el verano Teresa me regale alguna frase como la que ya conté aquí el año pasado.

martes, 28 de junio de 2011

Fin del pañal y por fin sus pies

Teresa se ha despedido del pañal definitivamente. Sin prisa pero sin pausa, y de manera más fácil y cómoda de lo que yo auguraba, así ha sido. Después de que no se produjese ningún escape durante el día y dado el control que demostraba, mi hermana me aconsejó, sabia como siempre, que comprobase si el pañal estaba seco por la mañana y si así era, que la dejase dormir sin él.

Dicho y hecho, Teresa se despertaba con el pañal totalmente seco, no sólo de la siesta, también por la noche. Además, la mayoría de los días me ha pedido ir al baño nada más levantarse de la cama. Con todos estos indicios, la operación pañal parecía superada y así ha sido. Cuatro noches sin pañal y cero escapes. Y ella tan contenta va contándoselo a todo aquel que la quiere escuchar.

Pensando ahora en toda la pereza que me daba la operación pañal me sorprende lo fácil que ha resultado. Y es que parece que es cierto que los padres solemos enfrentarnos a los cambios con más temores que los niños. Todavía recuerdo la pena que me daba al pensar en su chupete y Teresa lo olvidó tan pronto que parecía que nunca lo hubiese necesitado. Ahora también me da algo de nostalgia recordar en su culo regordete y abultado con pañal.

Por cierto, ya tengo algunas fotos de sus pies, aunque no son las mejores y no descarto hacerle otras. Posiblemente a partir de ahora me pase la vida fotografiándolos.















viernes, 24 de junio de 2011

Los pies de Teresa


Mañana Teresa cumplirá 29 meses. No es una fecha redonda, pero cualquier momento es bueno para reseñarlo. Crece y crece y no ha habido ni un solo día de su vida que haya dejado de sorprendernos. Uno cree que con el paso del tiempo se irá haciendo una rutina y se dejará de vivir cada momento compartido con su hijo como algo mágico, como un regalo, pero no es así. Cada noche me acuesto pensando en hacer uno foto de sus pies regordetes y sus manos, son las cosas que más me enternecen de su cuerpecito a camino entre el bebé que fue y la niña en la que se está convirtiendo. Durante el día pasan mil cosas y al final siempre pienso en esa foto justo cuando me voy a dormir, una tarea pendiente y recurrente cada noche. Es como si quisiese atrapar el tiempo con esa foto, y se convierte en una idea angustiosa el pensar que pasan los días y no la tengo.

miércoles, 15 de junio de 2011

Esta pudo ser la operación pañal más larga de la historia

Si no fuese porque la operación pañal me está siendo impuesta no creo que en estos momentos tuviese yo ánimos para emprenderla. Pero como para casi todo Teresa no deja de sorprendernos y en este caso también nos está llevando a rastras, parece que vamos pasos atrás de su evolución y que necesita padres supervitaminados y mineralizados. Ya hace tiempo que conté aquí cómo abandonamos un primer intento de olvidarnos de los pañales, así es que como se puede ver la cosa ya viene de lejos y en todo este tiempo Teresa ha ido cogiendo práctica en el uso del orinal, siempre que le ha apetecido.

Su deseo de ser mayor rápidamente, unido al calor que ya hace y a su gusto recién descubierto por las braguitas (otra cosa que hay que sumar a su pasión por los zapatos) hace que ya no quiera el pañal ni verlo. No sabía ella que se iba a encontrar con unos padres tan perezosos, así que parece que en su pequeña cabecita se ha encendido una luz y ha dicho “O tomo la iniciativa o paso de los pañales de bebé a los pañales de viejuna”. Esta podría haberse convertido en la operación pañal más larga de la historia de la humanidad.

Ya hace unas semanas que le quité el pañal por la mañana, aprovechando que su padre no trabajaba, y le dije que ese día estaría sin pañal hasta la noche. Ella toda emocionada diciendo “soy gaaande…. mira mis babitas…” y yo con la conciencia tranquila de pensar que estábamos haciendo lo que tocaba y esperando ver el desenlace de esa aventura que empezaba a emprender como madre responsable, pero con la calma que da que sea el padre el que se ocupa de ese primer día, lo llamé a las pocas horas para preguntarle qué tal iba el asunto. Muerta me quedé con su respuesta: “Le he puesto el pañal, me he tenido que pelear con ella pero ¿qué iba a hacer si hemos salido a la calle?”. Yo pensé que esto debía significar que hasta que aprenda a controlar esfínteres no se puede pisar la calle y me entraron sudores fríos. Menudo chasco con el primer intento de la operación pañal.

Por suerte Teresa le cogió el gusto a lo de estar sin pañal y durante el fin de semana salió algunos ratos a la calle sin él. Y para más suerte mi madre y mi padre no se acobardan ante los pipís callejeros. Y para suerte de las suertes, Teresa parece que controla y ha tenido pocos escapes por el momento. Así que ya sólo usa el pañal para dormir, pero esto ya lo dejaremos para las vacaciones.

miércoles, 1 de junio de 2011

"Mamá, pónete contenta"

Cuanto Teresa era un bebé que empezaba a interactuar notaba cómo era habitual en ella que buscase mi aprobación constantemente si intentaba tocar o coger algún objeto. Era muy normal que aunque ya lo tuviese entre sus manos me mirase para ver cuál era mi reacción. Algo así pasaba también cuando empezaba a caminar, si quería llegar a cualquier sitio volvía su cara hacia mía en muchas ocasiones, aunque luego hiciese lo que le diera la gana. Supongo que es normal que los niños busquen la aprobación de los padres, pero yo a veces tenía una sensación un tanto rara. Es como si me diese un poco de pena ¿qué imagen tenía de mí, la de un ogro? ¿Acaso pensaba que a todas sus iniciativas le iba a decir que no?

Ahora estamos en otra etapa, y aunque ya pasa de buscarme con la mirada cada vez que se le ocurre algún nuevo invento, ha sacado una frasecita que me tiene pone los pelos como escarpias: “mamá, pónete contenta”. Nunca en mi corta experiencia como madre he utilizado ninguna frase parecida a “si haces tal o cual mamá se pondrá triste o se enfadará”, nunca jamás. Es más, no creo que esta criatura me haya visto realmente enfadada nunca, la sorpresa que se va a llevar el día que de verdad lo esté.

Entonces, ¿por qué extraña razón emplea esta frase en situaciones tales como cuando le digo que no saque todas las toallitas húmedas o no des más saltos en la cama que te vas a abrir la cabeza? Además cuando termina de pronunciar la frase la acompaña de carcajadas fingidas esperando que yo haga lo mismo, y claro, no me queda otra que responder igual y decir que estoy contenta, pero que deje de hacerlo.

viernes, 20 de mayo de 2011

Imaginación y muchas risas


Me gustaría saber en qué momento dejamos atrás el mundo infantil con ese pensamiento mágico que lo rodea y llegamos a esta faceta adulta en la que todo nos sorprende cuando vemos actuar a un niño. Y es que muchas veces no doy crédito cuando observo a Teresa y he llegado a pensar que tengo una hija loca. Supongo que es normal que los niños tengan la risa fácil, pero ¿tanto? Teresa se ríe si le digo algo con simulando una voz distinta, si la toco con un solo dedo, si le soplo en el pelo, si hago algo parecido a una mueca, si me pongo un trapo en la cabeza o me lo quito, si me siento en el suelo o si me levanto, si doy una vuelta o salto, si canto, si estornudo… con cualquier cosa. Esto te proporciona tal subida de moral que he llegado a pensar que soy la persona más graciosa del mundo. Lástima que luego te das cuenta que estas cosas tan simples sólo le hacen gracia a ella, y es que los mayores no entendemos que la risa está en cualquier gesto.

Pero Teresa no sólo me sorprende con su risa porque desde que va adquiriendo un mayor dominio del lenguaje, bueno más bien diría que se está haciendo una experta, sus ocurrencias me dejan alucinada. Ya no es sólo el hecho de que no se pueda callar ni un segundo, si no está hablando está cantando, sino que se me hace difícil seguirle el ritmo a esa imaginación desbordante.

El otro día, mientras estaba en la bañera empezó a morder la esponja. Le pedía que no lo hiciera y me dijo “es un bocadillo”. Yo siguiéndole el rollo: “Ah, ¿y de qué es?”. “Es un bocadillo de ketchup, ¿ves que es rosa y tiene un pico de pan?”. Sin respuesta por mi parte.

Otras veces le da por decir que se llama Natalia, esto lo hace mucho, pero el otro día fue más allá y me dijo que yo me llamaba Carmen. Bien, “¿y cuántos años tienes?”, le pregunté. “Siete” me dice, mostrando sus cinco deditos, “y tengo dos hijos”. Yo me animo y quiero saber más “¿Y cómo son?”. “Son grandes, tienen cinco, y están en el parque pero luego vienen conmigo”. Ya no me atrevo a seguir preguntando a ver si voy a ser yo la inductora de que pierda la cabeza del todo.

martes, 10 de mayo de 2011

Lógica aplastante

Teresa está creciendo y ya casi no se puede hacer una lista de sus avances porque de un día para otro la cosa cambia mucho. Es como si uno se acostumbrase a que su hijo ha dejado de ser un bebé y das por usuales ciertas cosas hasta que de repente ocurre algo o dice una frase que te hace pararte y preguntarte “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Algo así me sucedió el otro día.

A la hora de la comida le estaba intentando poner un babero para que no se manchase la camiseta y ella se negaba, esto del babero es casi misión imposible últimamente. Yo le dije “Teresa, si comes sin babero te vas a manchar” y me dejó sin argumentos cuando me contestó “¿Y tú no, mamá?”.

Es la lógica aplastante de una niña de dos años a la que le gusta decir que es mayor, intenta hacer todo de forma autónoma, imita a los mayores y no entiende cómo si es mayor, tiene que hacer cosas como los niños pequeños como por ejemplo ponerse el babero. Eso si, para dormir, no hay nada como estar con mamá, como una niña pequeña.

viernes, 6 de mayo de 2011

Estaré siempre a tu lado

Por fin encuentro un ratito para escribir sobre algo que tenía muchas ganas de contar. Desde que me ocurrió lo llevo en lo más profundo de mi corazón, grabado con letras de oro que refulgen destellos de purpurina y suena a música celestial interpretada por los mismísimos ángeles. “EXAGERADA”, pensareis. Pues ya veréis que no.

Os pongo en escena; Teresa y yo en la cama, ella ya un poco amodorrada pero con ganas de juego. Cada noche le pasa lo mismo y tiene el mejor momento mimos de todo el día. Hay que aprovechar. Entre besos, abrazos y algún que otro salto en la cama y yo pidiéndole que se acueste, se echa sobre mí y me dice “estaré siempre a tu lado”. En ese momento no estoy segura de si vivo o he muerto. Todavía no me ha dado tiempo a reaccionar cuando Teresa continúa: “somos felices”.

Cualquier persona normal, llegados a este punto, estaría flotando de felicidad ante esta auténtica declaración de amor de un hijo. Yo también, por supuesto, pero mi cabeza iba a más. Yo, que soy así de esa manera, un tanto excéntrica y algo suspicaz, no hago otra cosa que preguntarme ¿DE DÓNDE DEMONIOS SE HA SACADO UNA FRASE ASÍ? Si parece que se hubiese tragado el libro de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.

Cuando hablé con el papá me dijo que esa frase no había salido de él. Pensé en sus primos, pero ellos son más de demostrarse amor a pellizcos o a torta limpia si hay juguetes de por medio. Los abuelos no habían sido y me lo confirmó el hecho de que mientras se lo contaba a mi madre dije “Estaré siempre contigo” y ella, que estaba cerca me corrigió y volvió a decir “mamá, estaré siempre a tu lado”. Ni que decir tiene que desde la primera vez ya se lo he hecho repetir cientos de veces…

La solución llegó ayer, aunque yo ya me lo venía imaginando pero casi me parecía imposible. La frase la ha sacado del cuento “Mamá, ¿de qué color son los besos?” Es el libro que le leí el fin de semana pasado antes de dormir. En una de las páginas, en la que habla de los besos de color morado, la mamá de Pablo dice exactamente esa frase. Y ya tengo claro que viene de ahí porque ayer, cuando se lo hice repetir otra vez, me preguntó: ¿y por qué llora Pablo?

martes, 26 de abril de 2011

Más tiempo, más amor


Las cosas han cambiado mucho desde la última entrada y se puede decir que las vacaciones nos han sentado genial. Al parecer lo único que nos hacía falta era pasar más tiempo juntas y en ambiente relajado. Estoy segura de que cuando se van acumulando los días de trabajo el estrés y el cansancio hacen mella, el ánimo con el que me enfrento a las tareas cotidianas no es el mejor y Teresa eso lo nota mejor que nadie. Cuando las rabietas parecía que se habían asentado en nuestras vidas, la niña dulce, sensible, cariñosa, juguetona y risueña en todo momento ha regresado y parece mentira que sólo hayan bastado unos pocos días para que esto pase.

También tengo que reconocer que los celos se han apoderado de mí en algunos momentos. Si, sobre todo la primera parte de la semana en la que yo continuaba trabajando y Teresa estaba todo el día con papá. A su manera, parecía vengarse de mi ausencia y a mi regreso se ponía a decir a papá cuánto lo quería y lo bien que estaban los dos juntos solitos. Que no haya confusiones, a mí esto me encanta, me derrito con ese amor que le demuestra a su padre, pero es que en alguna ocasión incluso llegó a decir que me fuese porque los dos solos estaban muy bien. (He soltado incluso una lagrimilla, disimuladamente y a escondidas, por supuesto). Cuando pienso que sólo tiene dos años no dejo de imaginar cuánto voy a sufrir en este amor…

Afortunadamente me bastó un día de vacaciones para hacerme un hueco en la familia y el resto del tiempo ha consistido en disfrutar de verla reír a carcajadas, jugar todo el rato, hacer amigos, dar paseos, bailar, cantar y escuchar sus historias inventadas, que cada día son más elaboradas.