Así que, si todo sigue como hasta ahora, esperaremos al verano porque Teresa ya ni siquiera pide usar su orinal, se debe haber dado cuenta de que mamá es un poco vaga.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Continuamos con pañales
miércoles, 9 de febrero de 2011
Descubriendo el temperamento de Teresa
De un tiempo a esta parte soy más consciente de cómo va creciendo Teresa. Lo he notado sobre todo en cómo va dejando ver su carácter, que si hasta hace nada esta niña era un remanso de paz, ahora le ha dado por dejarnos claro que de seguir nuestras indicaciones “porque sí” como los burros, nada de nada.
Pero ¿qué me creía yo, que la niña iba a ser toda la vida una dócil y no iba a dejar clara y bien marcada su posición? No sé si por algún momento se me pasó esto por la cabeza teniendo en cuenta el carácter que tenemos su padre y yo (más yo, diría).
Hasta el momento el modo más común que ha encontrado para manifestar su desacuerdo o disconformidad con algo el llamarme tonta a gritos, pero gritos de verdad, de los que se escuchan en todo el vecindario. Supongo que lo hace porque continuamente le estoy diciendo que no me gustan los gritos, así que ella va al grano, donde sabe que molesta. Por suerte, estos episodios se suelen dar cuando está cansada, con lo cual, no hay que negociar mucho porque en poco rato estará dormida.
Me alegra saber que Teresa tiene temperamento, sólo espero que aprenda a canalizar su rabia poco a poco y, sobre todo, que no sea yo siempre el foco de sus ataques.
Pero ¿qué se hace en estas situaciones? A veces me da risa, pero intento contenerme, otras veces me pongo atacada cuando no consigo sacarla de esa espiral de “Tontaaaaaa, tontaaaaa”, incluso he llegado a mostrarme enfadada o triste, pero en realidad no sé que será lo mejor en estos casos. Cuando se le ha pasado hablo con ella y le pregunto si me va a gritar más y siempre contesta “No, era boma” (No, era broma). Por lo que se ve también tiene sentido del humor.
lunes, 7 de febrero de 2011
Cuando llegaron los Reyes Magos...
miércoles, 2 de febrero de 2011
Sobre el desarrollo del lenguaje y las coletillas
Cuando estás cerca de un bebé que comienza poco a poco a adquirir habilidades en el lenguaje es cuando realmente empiezas a ser consciente de lo importante que es el modo en que nosotros, el entorno más cercano, nos comunicamos con él y lo más peligroso, cómo nos comunicamos con el resto del mundo, ya que ellos son esponjas que lo absorben todo y copian o imitan nuestra forma de expresarnos.
Mi preocupación no viene por el uso de tacos o palabras malsonantes, al menos hasta el momento no he tenido que enfrentarme a eso y creo, que no suelen estar presentes en mis conversaciones cotidianas. La cuestión es más de expresiones o frases hechas que se cuelan de manera habitual en mis coloquios. (Y yo sin darme cuenta).
La primera vez que fui consciente de algo así fue gracias a mi sobrino. Él era un bebé que no pronunciaba una sílaba, pero que de repente a los dos años comenzó a hablar hasta por los codos. Yo, que pasaba bastante tiempo con él un día me vi reflejada en uno de sus discursos. No recuerdo con exactitud qué anécdota estaba contando pero sí que lo explicaba como algo de vital importancia, como cualquier suceso para alguien de su edad. La cuestión es que comenzó la perorata con un “Nuria, por Dios”. Y ahí me quedé yo paralizada, siendo consciente de que esa era una expresión robada y meditando sobre el excesivo uso que yo hacía de aquello, que llegó a ser una coletilla recurrente en mis diálogos. En ese momento dije para mí “Por Dios, o este niño pasa demasiado tiempo conmigo o mejor dejo de decir Por Dios”. Lo he intentado, no estoy segura de que lo haya conseguido.
El tema en cuestión, el de las coletillas, que como los amores de Tamara van y vienen, se ha vuelto a repetir con Teresa. Desde hace unos días me he dado cuenta de que suele terminar cada explicación con la pregunta “¿sabes?”. Algunos ejemplos son estos: “Mañana viene papá, ¿fabes?”, “Ya no neno pupa, ¿fabes?” “Yo soy mayor, ¿fabes?”.
En este caso no es que yo acabe así todas mis frases, es más bien que cuando hablo con ella, sin darme cuenta, le suelo reforzar de este modo lo que le cuento, como para hacerla hablar, al menos eso creo, y ella, como esponjita que es, lo copia todo. Así que ahora estoy corrigiéndome a mí misma cada vez que hablamos, no vaya a ser que la confundan con Tamara Falcó.
jueves, 27 de enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
Dos años

Dos años han pasado ya… Justo cuando empiezo a escribir esta entrada estabas naciendo, Teresa. Ni verte pude. Llegaste con tres vueltas de cordón y te habías hecho caca. Rápidamente te aspiraron y tu padre era quien me iba diciendo lo bonita que eras y los ojos tan abiertos que tenías. Las caras del personal cambiaron de repente y la tensión se respiraba en la sala mientras yo estaba asustada, desorientada e intentando descifrar algún gesto en alguien para conocer la realidad del estado de mi hija. La llamada al pediatra con urgencia no me tranquilizó en absoluto. Mientras te observaba me dijo que esperaríamos un poco para ver si se calmaba ese gemido que tenías o rompías a llorar de una vez. De todos los comentarios, de todas las conversaciones, me llamó la atención la respuesta que el pediatra dio a una enfermera que preguntó qué hacían con la niña: “la viste como a las demás y la sube a la habitación”. Puede parecer una tontería, pero en ese momento pensé que mi hija iba a morir.
Durante un rato estuvimos los tres; papá, tú y yo. Te abracé con fuerza mientras me mirabas fijamente, reconociéndome. En ese momento le dije a papá que te querríamos por encima de todo y que estaríamos preparados para lo que fuera. Él sólo pidió que si debíamos enfrentarnos a alguna enfermedad, al menos se tratase de algo por lo que tú no sufrieras. En ese momento el pediatra entró y nos hizo caer en la cuenta de que tu gemido era menos intenso, era una buena señal.
Mientras yo estaba en la habitación, rodeada de gente a la que no podía ni siquiera escuchar, papá estuvo contigo cuando te hacían una placa torácica para ver el estado de los pulmones. En el trayecto en el que él mismo te llevó en sus brazos te iba diciendo “Llora Teresa, llora con fuerza, llora toda tu vida si quieres”. Estoy segura de que fue el peor momento de su vida. Y más tarde, cuando estuvimos solos me contó que lloró como un niño cuando el médico le dijo finalmente que estabas bien y que no había que hacer más pruebas. Tu llegada al mundo fue así, superando obstáculos, dando ruido, poniéndonos a prueba, como tú eres.
Esa noche ya la pasaste conmigo en la cama, como tantas otras noches en estos cortos dos años. Y en tan poco tiempo cuánto habíamos cambiado todos, cuánto se nos removió por dentro, cómo nos hiciste ver las cosas importantes de la vida.
lunes, 17 de enero de 2011
Fin de la etapa chupete
Este fin de semana hemos dicho adiós al chupete, aunque no me atrevería yo a anunciar que será definitivo. En los últimos arrebatos de Teresa le daba por tirarlo al suelo con rabia, ante cualquier enfado. Si le pedía que no lo hiciera y le decía que podría perderlo lo volvía a tirar con más fuerza, si cabe. Estas expresiones de carácter están siendo de lo más habituales últimamente, muchas veces sin motivo aparente y en ocasiones hasta hay que contenerse una carcajada porque se pone muy ofendida incluso se da la vuelta ocultando su rostro y dejando ver que está realmente enfadada y nada lo puede arreglar.
El sábado después de su siesta volvió a arrojar al suelo el chupete y le dije que como no lo quería lo tiraría a la basura. Cogí el chupete del suelo y lo escondí. Teresa se enfadó pero se le pasó pronto y se olvidó por completo del tema.
Cuando salió con papá a la calle y después de caminar un rato pidió montarse en su silla se acordó del “tete”. El problema es que se me había olvidado meterlo en el bolso que siempre llevamos. Cuando me llamó papá por teléfono contándome que Teresa estaba pidiendo su chupete yo no estaba en casa, así que tampoco podía llevárselo. En ese momento pensé que tampoco sería mala idea probar a ver qué pasaba y cómo llevaría intentar dejarlo.
Por la noche cuando la dejé en la cuna lo volvió a reclamar “quero mi tete”. Le dije que iría a ver si lo encontraba y ella esta tan cansada que se durmió enseguida. Tuvo algunos despertares en los que lo volvió a nombrar pero sin demasiado ímpetu porque siguió durmiendo tan ricamente.
La mañana del domingo yo no sabía si estaba contenta por el paso que estaba dando Teresa y llevarlo relativamente bien o me encontraba triste porque tenía la sensación de que estábamos empeñados en hacerla mayor. Esa mañana tuve que trabajar y no conseguía quitarme el tema de la cabeza, incluso llegué a tener remordimientos, tantos que cuando regresé a casa estaba dispuesta a desistir y hubiera dado lo que fuera por volver a ver la imagen de mi niña, mi bebé, con su chupete en la boca. Papá frenó mis intenciones diciéndome que Teresa lo estaba llevando muy bien y que tarde o temprano habría que hacerlo. A pesar de todo no me siento muy contenta, ¿será normal esta sensación?
