miércoles, 31 de agosto de 2011
Último día de trabajo
jueves, 25 de agosto de 2011
Contigo, al fin del mundo
En un viaje en coche este verano, al llegar al destino, mientras papá y yo hablábamos de otras cosas Teresa preguntó: “Mamá, ¿has taio pintauñas?”. En momentos como ese, cuando llevas horas conduciendo y tu cerebro no es capaz de procesar nada que no sea mandar un mensaje a la mano para que abra la puerta del coche y otra a las piernas para que salgan del habitáculo a toda pastilla, piensas “pero ¿qué clase de hija estamos criando?”.
Como prueba de agradecimiento al universo porque estamos en nuestro destino sin habernos aniquilado unos a otros en el trayecto por tanto estrés le respondo: “Si, hija, lo he traído”. Continuamos buscando donde definitivamente hay que dejar el coche y recuperar las extremidades inferiores de nuestro cuerpo cuando Teresa vuelve a preguntar. “¿El lojo, mamá?”. “Sí, el rojo, Teresa”. Pero aún hay más. Entre las indicaciones a la izquierda o la derecha que me va dando papá, Teresa insiste y reclama mi atención una vez más: “Mamá, qué pijama he taído”. Hay cosas que me cuesta entender, sin embargo ya he asumido que en algunos temas Teresa y yo somos muy distintas.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Una nueva etapa
Hace tiempo que quiero hablar sobre una decisión que he tomado y que cambiará mi vida y la de mi familia, sin embargo he ido retrasando este asunto como si de esta forma fuese alejando también el momento en que finalmente el cambio se va a producir.
lunes, 22 de agosto de 2011
Regresamos
Hemos vuelto de vacaciones. Este año han estado aprovechadas al máximo y es que casi no hemos parado en casa, regresamos el sábado. Hemos visto muchas cosas pero sobre todo hemos querido disfrutar al máximo de Teresa que cada día participa más de todas las actividades y se ha convertido en una más organizando y planificando los días.
viernes, 29 de julio de 2011
Ofiacialmente de vacaciones
lunes, 25 de julio de 2011
Dos años y medio
Hoy celebramos los dos años y medio de Teresa. Me refiero a que lo celebramos porque estamos muy contentos y es una fecha importante, no es que hayamos preparado una fiesta. Hoy me he puesto a recordar cómo era Teresa hace un año y es asombroso todo lo que ha cambiado. Es una niña más que un bebé. El cambio más importante últimamente es que le encanta jugar con otros niños e intenta manejar la situación, convencer a sus amigos para que jueguen a lo que ella quiere, sobre todo hacer carreras. Ya no me necesita tanto en sus juegos, aunque es cierto que a los niños les encanta que los mayores decidan jugar con ellos y corro gustosa detrás de todo el grupo. Otro de sus juegos predilectos es hacer de camarera, preguntar a todo el mundo qué desea y preparar platos en una cocina imaginaria o incluso comprar los ingredientes en el supermercado imaginario, y si puede hacerlo corriendo de un lado para otro, mejor. Otras veces sustituye las carreras por los saltos. Es como si necesitase quemar energía acumulada, algo que siempre he pensado de los niños.
lunes, 18 de julio de 2011
La playa y la historia del bikini
El fin de semana hemos estado en la playa. Como a Teresa ya le habíamos anunciado los planes desde que terminé de trabajar el viernes no paró de dar saltos detrás de mí por toda la casa diciendo “vamos ya”. Con lo nerviosa que estaba mientras yo preparaba las últimas cosas para irnos ya me imaginaba cómo iba a ser el viaje. Casi desde que montamos en el coche empezó a preguntar si ya estábamos en el destino. Aunque no se calló en ningún momento afortunadamente la cosa no fue a mayores. Cuando llegamos a la casa no podía parar de jugar con los primos y correr, estaba encantada y se durmió tarde.
viernes, 15 de julio de 2011
Premios
martes, 5 de julio de 2011
El verdadero descubrimiento de los juguetes
Cuantos trastos me habría yo ahorrado en casa si volviese atrás en el tiempo. Desde que nació Teresa he ido perdiendo espacios y acostumbrándome a convivir con trastos por cualquier parte de la casa. Les he buscado rincones, rincones en el salón para aquellos que más uso tenían, incluida la cocinita. Hasta ahora todo tenía medianamente un orden, había ratos que los juguetes parecían una alfombra pero en poco tiempo se terminaba el juego y vuelta a su sitio. Pero qué de cosas cambiaría si hubiese sido consciente de que es ahora cuando realmente disfruta de los juguetes. Y eso que yo he sido de las que he pedido a todo el mundo que no regalase por regalar, que no hay que llevar siempre alguna cosa a la niña, que los regalos son para ocasiones especiales y todas esas cosas que te hacen quedar como la mala delante de la gente, mientras el padre sonríe, recibe con agrado los obsequios y se presenta como el simpático de la pareja. Debe ser que no impongo ningún respeto porque nadie, absolutamente nadie, ni familia, ni amigos, me han hecho caso. Así me ha ido, que para no tener que mudarme he llenado ya, en diversas ocasiones y aprovechando la ausencia de Teresa y su papá, bolsas de basura tamaño comunidad con utensilios de juego que yo misma voy discriminando. Ha habido veces que me he pasado, lo noto cuando los echan en falta. “Ya aparecerá”, suelo decir, consciente de que anda muy lejos.
Sin embargo creo que a partir de ahora el tema va a estar más complicado. Teresa busca y rebusca por todos sitios donde sabe que hay juguetes y va sacando una cosa u otra, se sorprende con objetos que tenía olvidados, los utiliza, juega, se pasa ratos largos entretenida, pregunta por juegos concretos que recuerda perfectamente y los reclama o te dice “no lo busco, mamá”, en lugar de no lo encuentro. El orden en las cosas dura milésimas de segundo, justo el tiempo que termino de colocarlas, inmediatamente después llegan unas manitas para revolverlo todo y decir “eto me sirve”. Las sartenes y ollas de su cocinita llenan mi lavavajillas, su reno, tamaño bulldog se sienta en mi sofá, si Teresa viene por la noche a mi cama la acompañan Pinkinico y las tres mellizas, los cuentos están relegando a mis libros en las estanterías, y sus instrumentos musicales, llámese trompeta o tambor, suenan a cualquier hora. Recientemente también ha redescubierto una colchoneta. Dice que es un castillo hinchable y no para de saltar como una loca. También la utiliza para hacer “ninnasia” y levanta las piernas mientras está tumbada en ella, por supuesto en mitad del salón.
A la hora de salir a la calle, siempre va con su cochecito y cada día dice que le toca pasear a alguno de sus muñecos, últimamente es Upsy Daisy la más afortunada, menuda racha lleva. No nos podemos olvidar de su bolso donde guarda alguno de sus móviles y unas llaves de plástico. Además ahora muchas veces nos acompaña un gato, este no sé de dónde ha salido, pero le encanta jugar a tirarlo para arriba y que yo lo coja, se llama minifú.
Ayer vio a una niña con una moto de plástico de dos ruedas en la que se desplazaba empujándose con los pies y rápidamente pidió una igual. Yo ya sabía que le iba a gustar porque hace tiempo en un hipermercado fui yo la que la incitó a probar una y le encantó. Ha llegado el momento peligroso en que quiere todo lo que ve.
Y así estamos, intentando mantener un equilibrio entre lo que supone disfrutar tremendamente de los juguetes y conservar un orden mínimo para que no piensen que tenemos el síndrome de Diógenes.
viernes, 1 de julio de 2011
Lo bueno del verano
¡Comienzan las vacaciones de verano! Por lo menos para el papá de Teresa, que disfrutará de dos meses intensos de actividades con ella, que vive en vacaciones permanentes. Aunque para Teresa también ha habido un cambio importante y es que ha incorporado los baños en la piscina a su rutina diaria y le encanta, mucho más si es en la compañía de los primos que hacen que cualquier juego se convierta en una fuente inagotable de enseñanzas que ella intenta imitar por todos los medios, aunque en muchas ocasiones no sean las lecciones más adecuadas y sean éstas precisamente las que capta al vuelo.
Rompiendo totalmente con la rutina ayer celebramos una barbacoa por la noche en casa de mi hermana y como el calor era sofocante, Teresa vivió con emoción su primer baño nocturno en la piscina. Casi no la podemos sacar del agua, sólo se animó a salir cuando vio las chanclas de su prima y se fue directa a por ellas. Hoy cuando he llegado del trabajo la he encontrado con unas chanclas rojas, se las ha comprado el abuelo.
Para mí siguen las jornadas de trabajo y aún veo lejanas las vacaciones. Sin embargo en verano relajamos las normas para todos, y se hace más ameno el día a día porque ahora cada tarde salimos a pasear y a tomarnos algo al aire libre. Espero que cuando termine el verano Teresa me regale alguna frase como la que ya conté aquí el año pasado.
martes, 28 de junio de 2011
Fin del pañal y por fin sus pies
Dicho y hecho, Teresa se despertaba con el pañal totalmente seco, no sólo de la siesta, también por la noche. Además, la mayoría de los días me ha pedido ir al baño nada más levantarse de la cama. Con todos estos indicios, la operación pañal parecía superada y así ha sido. Cuatro noches sin pañal y cero escapes. Y ella tan contenta va contándoselo a todo aquel que la quiere escuchar.
Pensando ahora en toda la pereza que me daba la operación pañal me sorprende lo fácil que ha resultado. Y es que parece que es cierto que los padres solemos enfrentarnos a los cambios con más temores que los niños. Todavía recuerdo la pena que me daba al pensar en su chupete y Teresa lo olvidó tan pronto que parecía que nunca lo hubiese necesitado. Ahora también me da algo de nostalgia recordar en su culo regordete y abultado con pañal.
Por cierto, ya tengo algunas fotos de sus pies, aunque no son las mejores y no descarto hacerle otras. Posiblemente a partir de ahora me pase la vida fotografiándolos.


viernes, 24 de junio de 2011
Los pies de Teresa

Mañana Teresa cumplirá 29 meses. No es una fecha redonda, pero cualquier momento es bueno para reseñarlo. Crece y crece y no ha habido ni un solo día de su vida que haya dejado de sorprendernos. Uno cree que con el paso del tiempo se irá haciendo una rutina y se dejará de vivir cada momento compartido con su hijo como algo mágico, como un regalo, pero no es así. Cada noche me acuesto pensando en hacer uno foto de sus pies regordetes y sus manos, son las cosas que más me enternecen de su cuerpecito a camino entre el bebé que fue y la niña en la que se está convirtiendo. Durante el día pasan mil cosas y al final siempre pienso en esa foto justo cuando me voy a dormir, una tarea pendiente y recurrente cada noche. Es como si quisiese atrapar el tiempo con esa foto, y se convierte en una idea angustiosa el pensar que pasan los días y no la tengo.
miércoles, 15 de junio de 2011
Esta pudo ser la operación pañal más larga de la historia
Su deseo de ser mayor rápidamente, unido al calor que ya hace y a su gusto recién descubierto por las braguitas (otra cosa que hay que sumar a su pasión por los zapatos) hace que ya no quiera el pañal ni verlo. No sabía ella que se iba a encontrar con unos padres tan perezosos, así que parece que en su pequeña cabecita se ha encendido una luz y ha dicho “O tomo la iniciativa o paso de los pañales de bebé a los pañales de viejuna”. Esta podría haberse convertido en la operación pañal más larga de la historia de la humanidad.
Ya hace unas semanas que le quité el pañal por la mañana, aprovechando que su padre no trabajaba, y le dije que ese día estaría sin pañal hasta la noche. Ella toda emocionada diciendo “soy gaaande…. mira mis babitas…” y yo con la conciencia tranquila de pensar que estábamos haciendo lo que tocaba y esperando ver el desenlace de esa aventura que empezaba a emprender como madre responsable, pero con la calma que da que sea el padre el que se ocupa de ese primer día, lo llamé a las pocas horas para preguntarle qué tal iba el asunto. Muerta me quedé con su respuesta: “Le he puesto el pañal, me he tenido que pelear con ella pero ¿qué iba a hacer si hemos salido a la calle?”. Yo pensé que esto debía significar que hasta que aprenda a controlar esfínteres no se puede pisar la calle y me entraron sudores fríos. Menudo chasco con el primer intento de la operación pañal.
Por suerte Teresa le cogió el gusto a lo de estar sin pañal y durante el fin de semana salió algunos ratos a la calle sin él. Y para más suerte mi madre y mi padre no se acobardan ante los pipís callejeros. Y para suerte de las suertes, Teresa parece que controla y ha tenido pocos escapes por el momento. Así que ya sólo usa el pañal para dormir, pero esto ya lo dejaremos para las vacaciones.
miércoles, 1 de junio de 2011
"Mamá, pónete contenta"
Cuanto Teresa era un bebé que empezaba a interactuar notaba cómo era habitual en ella que buscase mi aprobación constantemente si intentaba tocar o coger algún objeto. Era muy normal que aunque ya lo tuviese entre sus manos me mirase para ver cuál era mi reacción. Algo así pasaba también cuando empezaba a caminar, si quería llegar a cualquier sitio volvía su cara hacia mía en muchas ocasiones, aunque luego hiciese lo que le diera la gana. Supongo que es normal que los niños busquen la aprobación de los padres, pero yo a veces tenía una sensación un tanto rara. Es como si me diese un poco de pena ¿qué imagen tenía de mí, la de un ogro? ¿Acaso pensaba que a todas sus iniciativas le iba a decir que no?
Ahora estamos en otra etapa, y aunque ya pasa de buscarme con la mirada cada vez que se le ocurre algún nuevo invento, ha sacado una frasecita que me tiene pone los pelos como escarpias: “mamá, pónete contenta”. Nunca en mi corta experiencia como madre he utilizado ninguna frase parecida a “si haces tal o cual mamá se pondrá triste o se enfadará”, nunca jamás. Es más, no creo que esta criatura me haya visto realmente enfadada nunca, la sorpresa que se va a llevar el día que de verdad lo esté.
Entonces, ¿por qué extraña razón emplea esta frase en situaciones tales como cuando le digo que no saque todas las toallitas húmedas o no des más saltos en la cama que te vas a abrir la cabeza? Además cuando termina de pronunciar la frase la acompaña de carcajadas fingidas esperando que yo haga lo mismo, y claro, no me queda otra que responder igual y decir que estoy contenta, pero que deje de hacerlo.
lunes, 30 de mayo de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
Imaginación y muchas risas

Me gustaría saber en qué momento dejamos atrás el mundo infantil con ese pensamiento mágico que lo rodea y llegamos a esta faceta adulta en la que todo nos sorprende cuando vemos actuar a un niño. Y es que muchas veces no doy crédito cuando observo a Teresa y he llegado a pensar que tengo una hija loca. Supongo que es normal que los niños tengan la risa fácil, pero ¿tanto? Teresa se ríe si le digo algo con simulando una voz distinta, si la toco con un solo dedo, si le soplo en el pelo, si hago algo parecido a una mueca, si me pongo un trapo en la cabeza o me lo quito, si me siento en el suelo o si me levanto, si doy una vuelta o salto, si canto, si estornudo… con cualquier cosa. Esto te proporciona tal subida de moral que he llegado a pensar que soy la persona más graciosa del mundo. Lástima que luego te das cuenta que estas cosas tan simples sólo le hacen gracia a ella, y es que los mayores no entendemos que la risa está en cualquier gesto.
Pero Teresa no sólo me sorprende con su risa porque desde que va adquiriendo un mayor dominio del lenguaje, bueno más bien diría que se está haciendo una experta, sus ocurrencias me dejan alucinada. Ya no es sólo el hecho de que no se pueda callar ni un segundo, si no está hablando está cantando, sino que se me hace difícil seguirle el ritmo a esa imaginación desbordante.
El otro día, mientras estaba en la bañera empezó a morder la esponja. Le pedía que no lo hiciera y me dijo “es un bocadillo”. Yo siguiéndole el rollo: “Ah, ¿y de qué es?”. “Es un bocadillo de ketchup, ¿ves que es rosa y tiene un pico de pan?”. Sin respuesta por mi parte.
Otras veces le da por decir que se llama Natalia, esto lo hace mucho, pero el otro día fue más allá y me dijo que yo me llamaba Carmen. Bien, “¿y cuántos años tienes?”, le pregunté. “Siete” me dice, mostrando sus cinco deditos, “y tengo dos hijos”. Yo me animo y quiero saber más “¿Y cómo son?”. “Son grandes, tienen cinco, y están en el parque pero luego vienen conmigo”. Ya no me atrevo a seguir preguntando a ver si voy a ser yo la inductora de que pierda la cabeza del todo.
viernes, 13 de mayo de 2011
I Premio Mamás blogueras y felices

Suavinex y el Club de las Madres Felices han convocado el I Premio Mamás Blogueras y Felices y este blog está entre los que entran en concurso. La cosa está complicada porque entre los seleccionados están algunos de los blogs que sigo y que más me gustan. Espero que al menos alguno de ellos pueda hacerse con el premio, un viaje a Disneyland Paris para cuatro personas.
Los requisitos para entrar en concurso eran escribir un blog contando las aventuras y desventuras como madre/padre o compartir en él situaciones relacionadas con la crianza de los hijos desde hace, al menos, seis meses.
Para votar hay que dejar un comentario aquí, nombrando el blog elegido. Sólo se puede dejar un voto por persona y blog. Además hay que estar registrado en el blog del Club de las Madres Felices mediante Facebook o mediante Google Friend Connect, esto es importante porque según tengo entendido muchos de los votos emitidos hasta el momento no servirán para nada, vamos que no se contabilizarán.
Sé que es muy complicado porque son muchos los blogs y muy buenos, pero si podéis, votad, el plazo termina el 26 de mayo.
martes, 10 de mayo de 2011
Lógica aplastante
Teresa está creciendo y ya casi no se puede hacer una lista de sus avances porque de un día para otro la cosa cambia mucho. Es como si uno se acostumbrase a que su hijo ha dejado de ser un bebé y das por usuales ciertas cosas hasta que de repente ocurre algo o dice una frase que te hace pararte y preguntarte “¿cómo hemos llegado hasta aquí?”. Algo así me sucedió el otro día.
A la hora de la comida le estaba intentando poner un babero para que no se manchase la camiseta y ella se negaba, esto del babero es casi misión imposible últimamente. Yo le dije “Teresa, si comes sin babero te vas a manchar” y me dejó sin argumentos cuando me contestó “¿Y tú no, mamá?”.
Es la lógica aplastante de una niña de dos años a la que le gusta decir que es mayor, intenta hacer todo de forma autónoma, imita a los mayores y no entiende cómo si es mayor, tiene que hacer cosas como los niños pequeños como por ejemplo ponerse el babero. Eso si, para dormir, no hay nada como estar con mamá, como una niña pequeña.
viernes, 6 de mayo de 2011
Estaré siempre a tu lado
Por fin encuentro un ratito para escribir sobre algo que tenía muchas ganas de contar. Desde que me ocurrió lo llevo en lo más profundo de mi corazón, grabado con letras de oro que refulgen destellos de purpurina y suena a música celestial interpretada por los mismísimos ángeles. “EXAGERADA”, pensareis. Pues ya veréis que no.
Os pongo en escena; Teresa y yo en la cama, ella ya un poco amodorrada pero con ganas de juego. Cada noche le pasa lo mismo y tiene el mejor momento mimos de todo el día. Hay que aprovechar. Entre besos, abrazos y algún que otro salto en la cama y yo pidiéndole que se acueste, se echa sobre mí y me dice “estaré siempre a tu lado”. En ese momento no estoy segura de si vivo o he muerto. Todavía no me ha dado tiempo a reaccionar cuando Teresa continúa: “somos felices”.
Cualquier persona normal, llegados a este punto, estaría flotando de felicidad ante esta auténtica declaración de amor de un hijo. Yo también, por supuesto, pero mi cabeza iba a más. Yo, que soy así de esa manera, un tanto excéntrica y algo suspicaz, no hago otra cosa que preguntarme ¿DE DÓNDE DEMONIOS SE HA SACADO UNA FRASE ASÍ? Si parece que se hubiese tragado el libro de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.
Cuando hablé con el papá me dijo que esa frase no había salido de él. Pensé en sus primos, pero ellos son más de demostrarse amor a pellizcos o a torta limpia si hay juguetes de por medio. Los abuelos no habían sido y me lo confirmó el hecho de que mientras se lo contaba a mi madre dije “Estaré siempre contigo” y ella, que estaba cerca me corrigió y volvió a decir “mamá, estaré siempre a tu lado”. Ni que decir tiene que desde la primera vez ya se lo he hecho repetir cientos de veces…
La solución llegó ayer, aunque yo ya me lo venía imaginando pero casi me parecía imposible. La frase la ha sacado del cuento “Mamá, ¿de qué color son los besos?” Es el libro que le leí el fin de semana pasado antes de dormir. En una de las páginas, en la que habla de los besos de color morado, la mamá de Pablo dice exactamente esa frase. Y ya tengo claro que viene de ahí porque ayer, cuando se lo hice repetir otra vez, me preguntó: ¿y por qué llora Pablo?
martes, 26 de abril de 2011
Más tiempo, más amor

Las cosas han cambiado mucho desde la última entrada y se puede decir que las vacaciones nos han sentado genial. Al parecer lo único que nos hacía falta era pasar más tiempo juntas y en ambiente relajado. Estoy segura de que cuando se van acumulando los días de trabajo el estrés y el cansancio hacen mella, el ánimo con el que me enfrento a las tareas cotidianas no es el mejor y Teresa eso lo nota mejor que nadie. Cuando las rabietas parecía que se habían asentado en nuestras vidas, la niña dulce, sensible, cariñosa, juguetona y risueña en todo momento ha regresado y parece mentira que sólo hayan bastado unos pocos días para que esto pase.
También tengo que reconocer que los celos se han apoderado de mí en algunos momentos. Si, sobre todo la primera parte de la semana en la que yo continuaba trabajando y Teresa estaba todo el día con papá. A su manera, parecía vengarse de mi ausencia y a mi regreso se ponía a decir a papá cuánto lo quería y lo bien que estaban los dos juntos solitos. Que no haya confusiones, a mí esto me encanta, me derrito con ese amor que le demuestra a su padre, pero es que en alguna ocasión incluso llegó a decir que me fuese porque los dos solos estaban muy bien. (He soltado incluso una lagrimilla, disimuladamente y a escondidas, por supuesto). Cuando pienso que sólo tiene dos años no dejo de imaginar cuánto voy a sufrir en este amor…
Afortunadamente me bastó un día de vacaciones para hacerme un hueco en la familia y el resto del tiempo ha consistido en disfrutar de verla reír a carcajadas, jugar todo el rato, hacer amigos, dar paseos, bailar, cantar y escuchar sus historias inventadas, que cada día son más elaboradas.
viernes, 15 de abril de 2011
Cansada y triste
Soy consciente de que es normal que sus enfados los pague conmigo, tengan sentido o no, pero normalmente también disfrutaba de su mejor cara, sus besos más tiernos, la mejor de la sonrisas y los abrazos más sentidos. Qué lástima que esta semana me hayan tocado tan pocos. Termino el día con la sensación de que no disfruta conmigo. Para los demás quedan las risas, los juegos y para mí el malhumor.
Sólo espero que en estos días de vacaciones podamos disfrutar de buenos momentos, y aunque con rabietas, vuelvan de nuevo las risas y los besos.
viernes, 8 de abril de 2011
Nuestros juegos
“Yo soy la mamá y tú la niña”. Este es uno de los juegos preferidos de Teresa desde hace un tiempo. “Tienes uno”, dice enseñando uno de sus deditos. “Y yo tengo dos” y muestra dos dedos. “Soy mayor mamá, y tú eres pequeña”. “Ahora a comer, ¿qué quieres?”. Algunas veces opino, pero como ya me conozco el juego le suelo decir que prepare lo que quiera, que está muy rico, total al final siempre termino comiendo croquetas…
En este juego, como en la vida, repetimos algunos patrones. La parte principal del juego gira en torno a la comida, y por supuesto en las compras en el supermercado, que le encantan. Sin embargo, cuando va a comprar me deja sentada en el suelo y me pide que no llore “vengo pronto”. (Si yo hiciese eso, habría que verla…). Otras veces me cambia de ropa o me baña (simulado) y me revuelve todo el pelo (real), pero lo peor llega cuando aparece con un peine y la colonia (real, real). Luego me pide que me tienda en el suelo y me lee un cuento, a veces se le escapa un “mamá” y rectifica, “niña”. Finalmente llega la parte de “colorín, colorado” y nos dormimos abrazadas. Entonces la despierto y le digo “mamá, se te ha olivado el biberón” y se pone muy contenta a preparlo.
lunes, 4 de abril de 2011
Con las amigas
Este fin de semana hemos vivido una nueva experiencia. Mientras yo he estado de viaje con mis amigas de la infancia, Teresa y papá han estado en casa y como dicen que de todo se aprende, yo he sacado algunas conclusiones:
1.- Ni Teresa ni papá me echan tanto de menos como yo creía. Según papá no me ha nombrado ni una sola vez. Sé que no me miente, por lo que no entiendo entonces cómo cuando estoy con ella no puedo alejarme ni un minuto, y tengo que tomarla en brazos hasta para ir al baño. Sinceramente, me ha dado hasta un poco de rabia.
2.- Aunque me lo esté pasando bien no dejo de sentir cierta culpabilidad por no estar con Teresa.
3.- Cualquier conversación suelo derivarla al tema que no se me va de la cabeza, Teresa. Por suerte es algo que comparto con el resto de madres del grupo.
El fin de semana además ha dado mucho de sí, podría escribir varias entradas, pero hoy quiero destacar dos cosas. La primera que en este viaje una de mis amigas ha confirmado sus sospechas de embarazo. Será su segunda y muy deseada hija (ya nos hemos imaginado el sexo). Ella es una de las mamás que tengo como ejemplo y sé que la noticia para ella ha sido de las más importantes de su vida. La segunda cuestión es que a este viaje ha faltado solamente una de nuestras amigas, mamá reciente de una preciosa niña, Victoria. En todo momento ha estado en mis pensamientos porque ella también se ha convertido, a pesar de su reciente maternidad, en un ejemplo de fortaleza y valentía para mí en esta aventura de la crianza.
martes, 29 de marzo de 2011
Versiones de clásicos musicales
Cada día hay un nuevo descubrimiento. De tanto cantar y cantar las canciones que le gustan ya casi se aburre. Se pasa tantos ratos cantando mientras hace otras cosas que, para no perder la diversión, ahora ha encontrado un juego nuevo con el que ella sola no para de reír. Hay veces que le viene que ni pintada la definición de “esa loca bajita” que diría Serrat. Le gusta cambiar las letras a las canciones conservando la melodía. A veces utiliza frases sin sentido con lo que la canción casi es irreconocible y otras veces son pequeñas modificaciones que conforman una nueva versión, por lo que se ve más cómica . Un ejemplo “Pimpón es un muñeco, muy feo y juguetón… Pimpón se va al sofá y se pone a saltar”.
viernes, 11 de marzo de 2011
La escena del supermercado
Ya lo hemos vivido, si. Sabía que la famosa escena de “niño que agarra una rabieta en el supermercado” no era una leyenda urbana porque no sólo había escuchado hablar de ella en infinidad de ocasiones sino que además yo misma, con estos mis ojos, la he visto alguna vez.
Pues el caso es que nosotros ya hemos superado la primera, y creo que con éxito, si es que ante una situación así se puede hablar en estos términos. Ocurrió el otro día cuando fuimos al supermercado de un centro comercial. Todo transcurría con normalidad, viendo a los animales de la tienda de la entrada durante largo rato, agarrando un carrito pequeño y dejándoselo llevar a Teresa, recorriendo pasillos hasta dar con los pañales, ella pidiéndome que los lleve yo para que no le pese el carro… Todo lo habitual hasta que llegamos a un pasillo repleto de zapatitos que en esta ocasión además eran de color rosa fucsia. Si unimos zapatos, algo que le encanta, con color rosa, su favorito, la atracción está asegurada, aunque yo no consiga entender qué extraña seducción ejerce sobre ella este color.
Teresa me pide inmediatamente probarse unos y cuando me doy cuenta ya se había quitado los zapatos. Así que accedo, y ya tenía ella unos en la mano preparados, un número 26 por lo menos. Se los coloco y le digo que le quedan grandes, ya quiere llevárselos puestos. Le digo que no puede que le están grandes, dice que no, insiste y se levanta para caminar con ellos, la siento y se los quito, se pone a llorar. Intento ponerle sus zapatos y llora con más fuerza además de resistirse y moverse levantarse y correr. La dejo descalza mientras busco algunos que sean de su número, dudo y no sé si esto sería muy recomendable. Vuelve, se sienta, coge otros zapatos y grita ¡Estos sí, mamá!, se los intenta poner, no son su número, (¡NO HAY SU NÚMERO!).
Intento salir de ese pasillo como sea, ella viene detrás llorando, yo le explico que no hay su número que son todos grandes, insiste llorando, ya es consciente de que se va sin los zapatos. Le digo que veremos los juguetes (segundo error) aunque sigue llorando todo el rato. Por fin llegamos y se anima. Ve una moto, de plástico, dos ruedas, muy bajita. Me pide que la suba y así lo hago (¿tercer error?). Está encantada, se mueve libremente porque llega con facilidad al suelo y recorre los pasillos. Llega la hora de irnos y no hay manera de que suelte la moto. De nuevo llantos, y más llantos. Le digo que no es suya y me suplica ¡págala! (¿cuándo ha aprendido esto?). Le digo que es sólo para regalos. A estas alturas mi sobrino, de 7 años, que viene con nosotras, se tapa la cara porque no puede aguantar la risa. Él también intercede, intenta convencerla sin éxito y decidimos ir hablándole mientras damos pasitos en dirección a una caja, pero Teresa no deja de llorar. Por el camino corre hasta el pasillo de los zapatos de nuevo. Aquí ya no podemos hacer nada, la cojo y llegamos hasta la caja. Llora con más fuerza mientras mi sobrino le dice que compraremos chicles (A Teresa le encanta masticarlos, aunque los tira en cinco segundos). Ella sigue llorando mientras yo intento pagar. Cuando Teresa ve que casi estamos dejando la caja deja de llorar y pregunta ¿mamá, pompas chicles? , con la voz más dulce que le he escuchado jamás. Le digo que sí, que cada uno puede elegir un paquete y salen los dos sonrientes y contentos. Aquí no ha pasado nada.
miércoles, 9 de marzo de 2011
9 de marzo
"Queremos flores"
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.
martes, 8 de marzo de 2011
8 de marzo
En el Día Internacional de la Mujer no tengo tiempo para escribir una entrada que me gustaría, sino que me tengo que conformar con esto que se puede definir como una lista de quejas en voz alta, no llegan a reivindicaciones.
- Voy con la lengua fuera y a marchas forzadas en el trabajo, algo que, desde luego, no lo convierte en una fuente de realización personal.
- Soy una de esas mujeres que engrosan las estadísticas que reflejan que a pesar de ser mayoría en mi profesión, los cargos directivos están copados por hombres que en su mayoría (con perdón) se tocan los huevos.
- Pienso que nos han vendido la moto de la liberación de la mujer porque no tiene mucho sentido ocupar unos espacios para dejar vacíos otros. Hoy he escuchado varios manifiestos de asociaciones de mujeres en los que el titular más destacado sería la plena igualdad de derechos en ambientes laborales, pero, ¿no sería más justo reivindicar una serie de condiciones para que toda aquella mujer que desee incorporarse al mercado laboral no tenga que renunciar a una vida familiar? ¿Estamos luchando por algo desnaturalizado o es sólo impresión mía?
- En nuestro país la única forma que se les ocurre a nuestros dirigentes de vender un mensaje de igualdad en este día es la promesa de ampliar el número de guarderías, algo que resulta más barato que ampliar los permisos de maternidad y supongo que pronto pedirán como condición para acceder a una plaza demostrar que no se tienen abuelos, que sale todavía más económico.
Diría algunas cosas más, pero no tengo tiempo. Feliz Día.
jueves, 3 de marzo de 2011
Una gran pérdida
Hemos perdido a Lola, la muñeca fea de Teresa. Se perdió una mañana que Teresa la sacó a pasear en su cochecito y fue hasta el parque con el abuelo. Como cada mañana la sentó en uno de los bancos del parque y entre tobogán y columpios a la vuelta no estaba Lola. Teresa apenas es consciente todavía de la pérdida, seguro que cree que está en la otra casa, pero a mí la pena me invade.
Estoy convencida de que en algún momento Teresa la reclamará con insistencia y la echará de menos, tanto como yo. Su cabecita calva, su andrajoso pijama de rayas, su risita o su llanto, sus paseos diarios con Teresa, sus conversaciones y juegos, sus noches en nuestra cama…
Pero no, no me resigno a esta pérdida, y voy a buscar otra Lola. Quizá no sea la mejor opción, quizá debería aprovechar la ocasión para demostrar a Teresa que hay que ser más cuidadosos con las cosas que apreciamos y que de lo contrario ahí están las consecuencias, pero me resisto. Es demasiado doloroso para mí así que no quiero ni imaginar lo que puede suponer para ella. Recorreré las tiendas en busca de Lola, al fin y al cabo era una muñeca muy común, y con suerte la tendremos en casa sin que Teresa se percate del desastre. Pero aun así no puedo evitar pensar en la pequeña Lola, vagando por algún lugar, pasando alguna noche a la intemperie. Me consuelo imaginando que habrá sido acogida por algún niño que ahora estará cuidándola mucho y haciéndola la reina de sus juegos.
martes, 22 de febrero de 2011
Amor y odio a los Cantajuegos
Teresa, como la mayoría de los niños que conozco, es una amante de los Cantajuegos. He llegado a pensar que tienen algo adictivo para los niños y al mismo tiempo abominable para los padres, porque en lo que a mí respecta estoy del burro Pepe y sus amigos hasta las narices. Cada noche hay un rato dedicado a los Cantajuegos porque he descubierto que es el método perfecto para que yo pueda cenar sin ella sentada en mis piernas, así que no diré que la culpa de este fervor no haya estado incentivada por mí.
La afición llega hasta tal punto que ahora sabe en qué disco está cada canción que quiere escuchar, de tal manera que cuando voy a poner uno me dice “¡ese no, quero soy así” o bien “¡no, ahí no ta, sonidoooo!”.
Por lo menos ahora hemos reducido Cantajuegos a una única sesión por la noche, porque hace poco tiempo los pedía a cualquier hora del día. Y también tengo que reconocer que no soy yo la única culpable de fomentar esta pasión porque su padre ya le puso Cantajuegos Navideño en el mes de octubre, con lo que la Navidad ha durado en casa la friolera de cuatro meses (si no se prolonga más).