En el Día Internacional de la Mujer no tengo tiempo para escribir una entrada que me gustaría, sino que me tengo que conformar con esto que se puede definir como una lista de quejas en voz alta, no llegan a reivindicaciones.
- Voy con la lengua fuera y a marchas forzadas en el trabajo, algo que, desde luego, no lo convierte en una fuente de realización personal.
- Soy una de esas mujeres que engrosan las estadísticas que reflejan que a pesar de ser mayoría en mi profesión, los cargos directivos están copados por hombres que en su mayoría (con perdón) se tocan los huevos.
- Pienso que nos han vendido la moto de la liberación de la mujer porque no tiene mucho sentido ocupar unos espacios para dejar vacíos otros. Hoy he escuchado varios manifiestos de asociaciones de mujeres en los que el titular más destacado sería la plena igualdad de derechos en ambientes laborales, pero, ¿no sería más justo reivindicar una serie de condiciones para que toda aquella mujer que desee incorporarse al mercado laboral no tenga que renunciar a una vida familiar? ¿Estamos luchando por algo desnaturalizado o es sólo impresión mía?
- En nuestro país la única forma que se les ocurre a nuestros dirigentes de vender un mensaje de igualdad en este día es la promesa de ampliar el número de guarderías, algo que resulta más barato que ampliar los permisos de maternidad y supongo que pronto pedirán como condición para acceder a una plaza demostrar que no se tienen abuelos, que sale todavía más económico.
Diría algunas cosas más, pero no tengo tiempo. Feliz Día.