martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo

En el Día Internacional de la Mujer no tengo tiempo para escribir una entrada que me gustaría, sino que me tengo que conformar con esto que se puede definir como una lista de quejas en voz alta, no llegan a reivindicaciones.

- Voy con la lengua fuera y a marchas forzadas en el trabajo, algo que, desde luego, no lo convierte en una fuente de realización personal.

- Soy una de esas mujeres que engrosan las estadísticas que reflejan que a pesar de ser mayoría en mi profesión, los cargos directivos están copados por hombres que en su mayoría (con perdón) se tocan los huevos.

- Pienso que nos han vendido la moto de la liberación de la mujer porque no tiene mucho sentido ocupar unos espacios para dejar vacíos otros. Hoy he escuchado varios manifiestos de asociaciones de mujeres en los que el titular más destacado sería la plena igualdad de derechos en ambientes laborales, pero, ¿no sería más justo reivindicar una serie de condiciones para que toda aquella mujer que desee incorporarse al mercado laboral no tenga que renunciar a una vida familiar? ¿Estamos luchando por algo desnaturalizado o es sólo impresión mía?

- En nuestro país la única forma que se les ocurre a nuestros dirigentes de vender un mensaje de igualdad en este día es la promesa de ampliar el número de guarderías, algo que resulta más barato que ampliar los permisos de maternidad y supongo que pronto pedirán como condición para acceder a una plaza demostrar que no se tienen abuelos, que sale todavía más económico.

Diría algunas cosas más, pero no tengo tiempo. Feliz Día.

jueves, 3 de marzo de 2011

Una gran pérdida

Hemos perdido a Lola, la muñeca fea de Teresa. Se perdió una mañana que Teresa la sacó a pasear en su cochecito y fue hasta el parque con el abuelo. Como cada mañana la sentó en uno de los bancos del parque y entre tobogán y columpios a la vuelta no estaba Lola. Teresa apenas es consciente todavía de la pérdida, seguro que cree que está en la otra casa, pero a mí la pena me invade.

Estoy convencida de que en algún momento Teresa la reclamará con insistencia y la echará de menos, tanto como yo. Su cabecita calva, su andrajoso pijama de rayas, su risita o su llanto, sus paseos diarios con Teresa, sus conversaciones y juegos, sus noches en nuestra cama…

Pero no, no me resigno a esta pérdida, y voy a buscar otra Lola. Quizá no sea la mejor opción, quizá debería aprovechar la ocasión para demostrar a Teresa que hay que ser más cuidadosos con las cosas que apreciamos y que de lo contrario ahí están las consecuencias, pero me resisto. Es demasiado doloroso para mí así que no quiero ni imaginar lo que puede suponer para ella. Recorreré las tiendas en busca de Lola, al fin y al cabo era una muñeca muy común, y con suerte la tendremos en casa sin que Teresa se percate del desastre. Pero aun así no puedo evitar pensar en la pequeña Lola, vagando por algún lugar, pasando alguna noche a la intemperie. Me consuelo imaginando que habrá sido acogida por algún niño que ahora estará cuidándola mucho y haciéndola la reina de sus juegos.

martes, 22 de febrero de 2011

Amor y odio a los Cantajuegos

Teresa, como la mayoría de los niños que conozco, es una amante de los Cantajuegos. He llegado a pensar que tienen algo adictivo para los niños y al mismo tiempo abominable para los padres, porque en lo que a mí respecta estoy del burro Pepe y sus amigos hasta las narices. Cada noche hay un rato dedicado a los Cantajuegos porque he descubierto que es el método perfecto para que yo pueda cenar sin ella sentada en mis piernas, así que no diré que la culpa de este fervor no haya estado incentivada por mí.

La afición llega hasta tal punto que ahora sabe en qué disco está cada canción que quiere escuchar, de tal manera que cuando voy a poner uno me dice “¡ese no, quero soy así” o bien “¡no, ahí no ta, sonidoooo!”.

Por lo menos ahora hemos reducido Cantajuegos a una única sesión por la noche, porque hace poco tiempo los pedía a cualquier hora del día. Y también tengo que reconocer que no soy yo la única culpable de fomentar esta pasión porque su padre ya le puso Cantajuegos Navideño en el mes de octubre, con lo que la Navidad ha durado en casa la friolera de cuatro meses (si no se prolonga más).

miércoles, 16 de febrero de 2011

Continuamos con pañales

El tema del pañal en el que parecía que Teresa iba a ser precoz lo tenemos abandonado. Durante una temporada estuvo pidiendo cada dos por tres que la pusiésemos en el váter y en algunas ocasiones incluso llegó a hacer caca o pipí, pero esa etapa pasó y no dudo yo que la oportunidad de poder olvidarnos definitivamente de los pañales haya sido por pereza mía más que por falta de interés de la niña. Quizá si hubiese aprovechado esa época para no ponerle el pañal y llevarla al baño cada poco tiempo lo hubiese conseguido, pero el hecho de tener que quitar camisetas varias, pantalón, leotardos y body cada cuarto de hora me superaba, sobre todo teniendo en cuenta que no todo el día estoy con ella y que por el momento parecía ser más novedad que necesidad de superar una etapa.

Así que, si todo sigue como hasta ahora, esperaremos al verano porque Teresa ya ni siquiera pide usar su orinal, se debe haber dado cuenta de que mamá es un poco vaga.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Descubriendo el temperamento de Teresa


De un tiempo a esta parte soy más consciente de cómo va creciendo Teresa. Lo he notado sobre todo en cómo va dejando ver su carácter, que si hasta hace nada esta niña era un remanso de paz, ahora le ha dado por dejarnos claro que de seguir nuestras indicaciones “porque sí” como los burros, nada de nada.

Pero ¿qué me creía yo, que la niña iba a ser toda la vida una dócil y no iba a dejar clara y bien marcada su posición? No sé si por algún momento se me pasó esto por la cabeza teniendo en cuenta el carácter que tenemos su padre y yo (más yo, diría).

Hasta el momento el modo más común que ha encontrado para manifestar su desacuerdo o disconformidad con algo el llamarme tonta a gritos, pero gritos de verdad, de los que se escuchan en todo el vecindario. Supongo que lo hace porque continuamente le estoy diciendo que no me gustan los gritos, así que ella va al grano, donde sabe que molesta. Por suerte, estos episodios se suelen dar cuando está cansada, con lo cual, no hay que negociar mucho porque en poco rato estará dormida.

Me alegra saber que Teresa tiene temperamento, sólo espero que aprenda a canalizar su rabia poco a poco y, sobre todo, que no sea yo siempre el foco de sus ataques.

Pero ¿qué se hace en estas situaciones? A veces me da risa, pero intento contenerme, otras veces me pongo atacada cuando no consigo sacarla de esa espiral de “Tontaaaaaa, tontaaaaa”, incluso he llegado a mostrarme enfadada o triste, pero en realidad no sé que será lo mejor en estos casos. Cuando se le ha pasado hablo con ella y le pregunto si me va a gritar más y siempre contesta “No, era boma” (No, era broma). Por lo que se ve también tiene sentido del humor.

lunes, 7 de febrero de 2011

Cuando llegaron los Reyes Magos...

Esta es la reacción de Teresa cuando vió los regalos que los Reyes Magos dejaron en casa este año. Paciencia, tarda un poco en entrar porque se pensaba que los regalos eran los globos que había en el pasillo. Se quedó tan sorprendida que no se atrevía a tocar nada. (Todavía usaba chupete)

miércoles, 2 de febrero de 2011

Sobre el desarrollo del lenguaje y las coletillas


Cuando estás cerca de un bebé que comienza poco a poco a adquirir habilidades en el lenguaje es cuando realmente empiezas a ser consciente de lo importante que es el modo en que nosotros, el entorno más cercano, nos comunicamos con él y lo más peligroso, cómo nos comunicamos con el resto del mundo, ya que ellos son esponjas que lo absorben todo y copian o imitan nuestra forma de expresarnos.

Mi preocupación no viene por el uso de tacos o palabras malsonantes, al menos hasta el momento no he tenido que enfrentarme a eso y creo, que no suelen estar presentes en mis conversaciones cotidianas. La cuestión es más de expresiones o frases hechas que se cuelan de manera habitual en mis coloquios. (Y yo sin darme cuenta).

La primera vez que fui consciente de algo así fue gracias a mi sobrino. Él era un bebé que no pronunciaba una sílaba, pero que de repente a los dos años comenzó a hablar hasta por los codos. Yo, que pasaba bastante tiempo con él un día me vi reflejada en uno de sus discursos. No recuerdo con exactitud qué anécdota estaba contando pero sí que lo explicaba como algo de vital importancia, como cualquier suceso para alguien de su edad. La cuestión es que comenzó la perorata con un “Nuria, por Dios”. Y ahí me quedé yo paralizada, siendo consciente de que esa era una expresión robada y meditando sobre el excesivo uso que yo hacía de aquello, que llegó a ser una coletilla recurrente en mis diálogos. En ese momento dije para mí “Por Dios, o este niño pasa demasiado tiempo conmigo o mejor dejo de decir Por Dios”. Lo he intentado, no estoy segura de que lo haya conseguido.

El tema en cuestión, el de las coletillas, que como los amores de Tamara van y vienen, se ha vuelto a repetir con Teresa. Desde hace unos días me he dado cuenta de que suele terminar cada explicación con la pregunta “¿sabes?”. Algunos ejemplos son estos: “Mañana viene papá, ¿fabes?”, “Ya no neno pupa, ¿fabes?” “Yo soy mayor, ¿fabes?”.

En este caso no es que yo acabe así todas mis frases, es más bien que cuando hablo con ella, sin darme cuenta, le suelo reforzar de este modo lo que le cuento, como para hacerla hablar, al menos eso creo, y ella, como esponjita que es, lo copia todo. Así que ahora estoy corrigiéndome a mí misma cada vez que hablamos, no vaya a ser que la confundan con Tamara Falcó.