Dicho y hecho, Teresa se despertaba con el pañal totalmente seco, no sólo de la siesta, también por la noche. Además, la mayoría de los días me ha pedido ir al baño nada más levantarse de la cama. Con todos estos indicios, la operación pañal parecía superada y así ha sido. Cuatro noches sin pañal y cero escapes. Y ella tan contenta va contándoselo a todo aquel que la quiere escuchar.
Pensando ahora en toda la pereza que me daba la operación pañal me sorprende lo fácil que ha resultado. Y es que parece que es cierto que los padres solemos enfrentarnos a los cambios con más temores que los niños. Todavía recuerdo la pena que me daba al pensar en su chupete y Teresa lo olvidó tan pronto que parecía que nunca lo hubiese necesitado. Ahora también me da algo de nostalgia recordar en su culo regordete y abultado con pañal.
Por cierto, ya tengo algunas fotos de sus pies, aunque no son las mejores y no descarto hacerle otras. Posiblemente a partir de ahora me pase la vida fotografiándolos.

