
Teresa tiene una prima que en unos días cumplirá tres años, María. Ninguna de las dos va a la guardería y pasan gran parte del día juntas. María ha estado muy unida a mí y temíamos su reacción con el nacimiento de Teresa, sin embargo, hasta hace muy poco no ha habido episodios destacados por celos, supongo que porque hasta ahora la prima no había tenido capacidad para mostrar “sus encantos” a los demás. El hecho de que Teresa interactúe más, comience a hablar, a caminar y a hacer las típicas gracias de bebé han despertado la suspicacia de María que ve de este modo peligrar su hegemonía.
El caso es que agarra unas pataletas impresionantes, grita a la mínima y se enfada con facilidad o se hace la loca y no te hace ni caso cuando le hablas. Las dos tienen un carácter fuerte y como es normal quieren las mismas cosas al mismo tiempo. Aquí no vale mediar para que primero juegue una y luego otra, tenemos que convencerlas para que las dos compartan el mismo artilugio, cosa que no es fácil, porque de lo contrario una de ellas se pone a chillar poniendo a prueba la paciencia del mejor mediador en conflictos internacionales.
A la hora de comer también hay retos. María, que al contrario que Teresa come muy poco, sólo quiere que le de yo de comer. Así que ahí me pongo yo con las dos nenas a dar una cucharada a una mientras la otra se enfada y al contrario. La parte buena de esto es que, con esta competición, terminan rapidísimo y además hemos conseguido que María coma mejor.
En definitiva, que se pasan casi todo el día a la greña aunque luego no puedan pasar la una sin la otra. Pero la mayor demostración de celos que hemos percibido hasta ahora ha sido un comentario de María cuando hablaba de su próximo cumpleaños. Mi hermana le contaba que haría una tarta y le preguntó si quería que Teresa fuese a la fiesta. A esto María contestó que sí y que le daría un trozo muy grande del pastel. Mi hermana se interesó por este alarde de generosidad a lo que ella contestó que así, Teresa se ahogaría y moriría. Todo esto con su lenguaje particular, claro. ¡Madre mía qué miedo!
Tengo que decir que María no es una pequeña psicópata. Cuando mi hermana le explicó que si hacía eso Teresa se pondría enferma y habría que llevarla al hospital, se puso muy triste y cambió de idea.